La Carpeta:
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El experimento no lleva a ninguna parte. Solamente a un nuevo desencanto.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 18, 2017, 10:17 am

El principal mensaje que las decenas de candidatos “independientes” a la Presidencia de la República están enviando a nuestro país es el hartazgo. No es posible que setenta y tantos ciudadanos que carecen del respaldo de un partido político se apunten para asumir una posición que desde luego no van a obtener y para la que requieren casi un millón de seguidores dispuestos a empeñar en el esfuerzo su credencial de elector, que en nuestro país es el equivalente a la vida misma.

No es importante que en las encuestas, que siguen pretendiendo convertirse en el oráculo de nuestra sociedad, fallando como lo hacen los oráculos persistentemente, aparezca a la cabeza de los sin partido la señora políticamente viuda de Calderón o el caballerango norteño; en realidad, el mensaje es unívoco. Los mexicanos ya no queremos saber más de los partidos políticos que siguen y seguirán alimentando sus venas de la sangre del erario.

La crisis de los partidos políticos mexicanos comenzó justamente cuando los mismos partidos fueron fundados. Todos ellos carecían de ideología, militantes, programa e ideario. El PAN fue una intentona de darle a los patrones que se sentían despojados por la Revolución una bandera con la cual podrían hacerse del poder. El PRI —PNR de nacimiento— no era más que el proyecto de Plutarco Elías Calles por conservarlo. Todos los otros partidos no fueron más que instrumentos de uno u otro. Así, Lombardo Toledano inventó un partido que ni era popular ni era socialista —mucho menos partido.

De hecho, el único partido que desde su gestación tenía una estructura y una solidez programática fue el Partido Comunista. Es obvio que esas bases habían sido importadas de la Unión Soviética, incluyendo el organigrama de su nomenclatura, con el buró político del soviet supremo incorporado.

Pero eso no es importante.

La realidad es que los partidos políticos mexicanos se convirtieron en corporaciones del capitalismo voraz que parecían tener como función única el proveer de empleos en la creciente burocracia natural, con sueldos y prestaciones sólidas y firmes a sus supuestos seguidores que nunca se preocuparon por el perfil ideológico de sus agrupaciones.

Es evidente que el sistema político mexicano ha propiciado y patrocinado la beligerancia de las candidaturas llamadas “independientes” como la única solución para minar la popularidad creciente de Andrés Manuel López Obrador. Al fragmentar el voto antiPRI, piensan los mercadólogos, el gobierno, todo indeciso o potencialmente dubitativo del futuro de México, haría cualquier cosa con su voto menos regalárselo a El Peje. La premisa no es equívoca necesariamente; su consecuencia será votos para un señor Meade o un señor Osorio Chong. En el peor de los casos, votos para el señor López Obrador, que no significa otra cosa que la perpetuación de los mismos grupos del poder a los que López Obrador ha pertenecido y sigue perteneciendo.

El experimento no lleva a ninguna parte. Solamente a un nuevo desencanto.

PILÓN.-Canadá y México seguirán sentados hoy en la mesa de negociaciones del TLCAN, pero ha quedado claro que no van a aceptar las restricciones al libre comercio que pretende Estados Unidos. ¿No será ya hora de mandarlo por un tubo?

 
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