La Carpeta:
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Los mexicanos estamos sumamente preocupados por el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos este noviembre, pero nos importa un pito quién se hará cargo de los destinos de México.
FELIX CORTES CAMARILLO
septiembre 30, 2016, 6:17 am

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… si cada día, se va muriendo la flor de su alegría.

                Eduardo Magallanes Calva, Mario Molina Montes, ¿A   dónde va nuestro amor?

Las buenas conciencias que tan bien retrató en una novela temprana Carlos Fuentes se escandalizan por el spot que en las redes sociales difunde diariamente el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong promoviendo —se supone que a propios costes— su imagen y mensaje. Independientemente de que la imagen sea paya y ramplona, inundada de los estereotipos que molestan a los mexicanos como el soumbrerou, la botella de tequila, el bigote o el cacto erguido, esas buenas conciencias nunca criticaron la campaña de promoción personal en televisión abierta del presidente del Partido Acción Nacional, Ricardo Anaya. Extrañamente, los mexicanos estamos sumamente preocupados por el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos este noviembre, pero nos importa un pito quién se hará cargo de los destinos de México una vez que esta desafortunada administración entregue los trastos en el 2018. Desde hace muchos años he dicho a los que quieren oírme, que el mejor presidente que México ha tenido es Porfirio Díaz y el peor se llama Ernesto Zedillo Ponce de León.

De lo segundo ya tengo mis dudas.

Uno de los últimos personajes relevantes del folclor político mexicano, Rubén Figueroa, acuñó la frase emblemática: La caballada está flaca. Nunca había sido más certera que en nuestro tiempo. Con los partidos políticos en manos de una azafata disfrazada de política, un iluminado mesiánico, un improvisado de las derechas y un empresario flotillero de taxis, y con una clase política en proceso de extinción, uno no sabe a quién irle. Nuestra crisis nacional deviene de un quebranto definitivo de las instituciones políticas, comandado por eso que llaman ahora Instituto Nacional Electoral, cambio hecho para que un impresor se hiciera rico.

No, definitivamente, los mexicanos no queremos más políticos. No más políticos a la mexicana, porque a la griega eran otra cosa.

Si queremos, podemos irnos con el engaño de los llamados independientes. Si el epítome de políticos independientes se reduce a Jaime El Bronco Rodríguez Calderón y a Jorge Castañeda, estamos jodidos.

¿A dónde va nuestro amor?

PILON.- Estados Unidos, dice el clásico, no tiene amigos: tiene intereses. Su política es consecuente con este principio, que surgió referido a una de las empresas icónicas de la industria automotriz de esa potencia. Siguiéndolo, el gobierno de Obama patrocinó el levantamiento al embargo que sufría Irán en la producción petrolera, para castigar a la antigua Persia por su indisciplina. El regreso de Irán al mercado petrolero anticipaba el incremento de la oferta del crudo y en consecuencia la reducción del precio referente del petróleo mundial, para desgracia de la desgraciada Pemex.

¡Sorpresa! La organización de países exportadores de petróleo acaba de decidir en Argelia, reducir la producción mundial, lo que para noviembre significará un aumento de precios, para llegar por encima de los cincuenta dólares por barril el precio mundial del crudo. Esto significa, para el establishment del poder político mexicano, buenas noticias. La discusión del presupuesto que se realiza ahora recibe una inyección de optimismo: habrá que gastar más en la economía petrolizada.

Guarden el confeti y callen las dianas, mexicanos. Dentro de cuatro meses, el precio de las gasolinas en México se liberará del yugo de Hacienda. Pasará a la libertad de los precios internacionales. Si el precio del petróleo crudo sube en el mundo, las gasolinas harán lo propio.

¿A dónde vamos a parar?