La Carpeta:
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El uso perverso de la nómina, la corrupción, la propiedad privada de las funciones públicas y el clientelismo se lo tragaron. Con Frente o sin Frente, el PAN se disminuye. Metástasis, ahora se parece más a los enfermos PRD y MC. El destino de la división los alcanzó y ni siquiera hay pompas fúnebres.
Jose Jaime Ruiz
octubre 7, 2017, 9:09 am

“En la vida de un hombre político no cuentan los insultos, sólo cuentan las humillaciones”, comentaba Talleyrand. Fin de época, el Partido Acción Nacional gravita, pero no pesa. La renuncia de Margarita Zavala es la salida, aunque permanezcan en el partido, de cientos de militantes y de miles de simpatizantes. En México no habíamos presenciado que, en tan pocos meses, se sepultara un partido político. Hay que darle el mérito al humillado Ricardo Anaya.

Dos sexenios hundieron al PAN. La alternancia cupular los volvió parte orgánica del sistema. Los colores se disiparon: amarillo, azul o tricolor, daba igual. El Pacto por México fue la cereza del pastel de la partidocracia. Años después, los desacuerdos afloraron y las ambiciones personales superaron la convivencia y connivencia.

El adiós al PAN tiene una rúbrica, la de Ricardo, pero es irresponsabilidad de toda su clase política. La partidocracia se quiso alternancia y así se repartían los presupuestos estatales, municipales y del Legislativo con los moches. Romántica, Margarita alude a su PAN histórico, cuando eran oposición y carecían de financiamiento. Ella, junto con Felipe Calderón, tuvo en sus manos cambiar para bien, no lo hicieron.

“Es bueno saber oponerse a lo que cambia en mal; el cambio puede ser una decadencia”, escribió Ikram Antaki en El manual del ciudadano contemporáneo. En el baile de la fiesta azul los panistas, ebrios de poder, celebraban. Pocos vieron la decadencia, uno de ellos, su mayor ideólogo, Carlos Castillo Peraza, prefirió renunciar no para buscar el poder, como Margarita, sino para ser congruente con sus principios.

No hay panistas buenos ni hay panistas malos. Dicen que decía Borges sobre los peronistas: ni buenos ni malos, incorregibles. Antes de las exequias, Margarita prefiere irse, su destino será mucho mejor que el de Ricardo Anaya, quien tiene el impío papel de sepulturero. Margarita, si se aleja de Felipe, puede reinventarse: es mejor que Felipe. La utopía de un Frente Ciudadano Independiente sigue ahí. Ella conseguirá más fácil las firmas requeridas para ser candidata independiente que Jaime Rodríguez Calderón, Armando Ríos Piter o Pedro Ferriz de Con. Y cualquier empresario le levanta de inmediato el teléfono –eso no le sucede a Ricardo Anaya.

Desde hace mucho el partido ya no es lo que era: se distorsionó. El uso perverso de la nómina, la corrupción, la propiedad privada de las funciones públicas y el clientelismo se lo tragaron. Con Frente o sin Frente, el PAN se disminuye. Metástasis, ahora se parece más a los enfermos PRD y MC. El destino de la división los alcanzó y ni siquiera hay pompas fúnebres. De cara al 2018, México se encuentra de nuevo en el bipartidismo, a menos de que se construya un nuevo Frente. Morena sigue a la cabeza y el PRI se ha posicionado en segundo lugar.

Adiós al PAN. Adiós, adiós, adiós.

 
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