La Carpeta:
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El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide, la salú y la platica, que no la tire, que no la tire...
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 22, 2014, 4:53 am

Felix Cortes Camarillo

Hace muchos años, durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés, los bancos que entonces eran privados, propiedad de mexicanos, y generalmente locales o a lo mucho regionales, regalaban a los escolares alcancías de diversas formas. Se trataba de que los niños y adolescentes guardasen la mayor cantidad de monedas que pudieran obtener y acudir con la alcancía llena al banco para abrir una cuenta de ahorros o incrementar su saldo en ella. Veinte, treinta pesos en un mes era entonces una suma respetable.

Más allá de formar parte de la campaña publicitaria de cada banco, la operación tenía un efecto mucho más importante. Fomentar la idea del ahorro como valor social de importancia desde la edad temprana.

No sé cuando desapareció la sana campaña. Debe haber sido en alguna de nuestras devaluaciones que, al mismo tiempo que disminuía el poder adquisitivo del dinero, provocaba un desprecio físico hacia la moneda. No conviene guardar el dinero. Veamos: si usted tiene hoy mil pesos y los invierte en alguno de los instrumentos fiduciarios que la banca ofrece, al cabo de un año, al rendimiento máximo del tres por ciento, usted tendrá un mil treinta pesos. Con el índice de inflación, que es del —digamos— cuatro por ciento, usted realmente tendrá al cabo de un año novecientos noventa pesos.

Lo cierto es que los mexicanos no tenemos en aprecio el hábito del ahorro.No es de extrañarse. Sistemática y progresivamente el poder adquisitivo de los mexicanos se ha visto menguado, de tal manera que la mayoría no obtenemos ingresos excedentes que podamos dedicar al ahorro. Al mismo tiempo, las administraciones gubernamentales de los últimos treinta años nos han conducido a la cultura del dispendio y el endeudamiento: en unos días más entraremos al llamado Buen Fin —que no es otra cosa que un mal comienzo— tarjeta de crédito en mano, para comprar todo lo que nos ofrezcan, siempre que sea fiado. También esto es entendible: el dinero nuestro no vale, hay que transformarlo en cosas que aquí se quedan mientras el papel moneda vuela.

El próximo enero nos va a recibir, entre otras cosas, con el mega gasolinazo; si don Felipe Calderón nos obsequió con el desliz de diez, once centavos, por litro cada mes, don Enrique Peña Nieto nos va a dejar ir el aumento en combustibles de una sola vez en enero. El aumento no podrá superar al índice de la inflación, que en octubre es de 4.22 por ciento. Si en tres meses sigue siendo así, la gasolina que hoy cuesta, digamos, trece pesos el litro, comenzará a costar casi catorce pesos. ¿No nos habían dicho que con la Reforma Energética la luz y los combustibles nos iban a costar menos? Conste que eso fue diseñado antes de darle el golpe a la caída estrepitosa del precio de la mezcla mexicana de crudo en el mercado internacional.

PILÓN. Entre muchas otras porquerías, la situación del estado de Guerrero ha provocado una confusión de términos de Padre y muy Señor mío. Se habla de la renuncia del gobernador Aguirre Rivero, que no puede renunciar a un puesto de elección popular. Independientemente de que la salida de Aguirre no resuelve nada, él no puede renunciar; podría pedir licencia, pero no va a hacerlo si no ungen a su hijo como candidato a alcalde de Acapulco, para enfrentar al otro precandidato... el hijo de Rubén Figueroa. Se habla de la desaparición de poderes. Esa no se va a dar ni el 30 de octubre ni nunca más por una sencilla razón: el único poder real que existe y manda en Guerrero es el de la delincuencia.

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