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Las tribus del perredismo pretendieron ver en el especialista en ciencia política de 57 años, Agustín Basave, a un político manejable para cualquiera de los rumbos que lograsen imponer al partido.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 8, 2016, 6:23 am

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Al final, me dejas solo desangrando de dolor, sin primaveras en mis manos para dar, la vida se me va…

                Roberto Cantoral, Al final

Nunca ha sido un secreto que la principal debilidad de la izquierda en México no es que hayan sido pocos, sino el carácter obcecado de su sectarismo. Si por definición los partidos políticos se componen de grupos y corrientes diversas e incluso antagónicas, artificialmente unidas en aras de acceder al poder en la mayoría de los casos o de conservarlo en unos cuantos. Por esa sencilla razón, la historia de la izquierda en México es una sucesión de cismas y reencuentros, filas rotas e intentos de reunificación, que han producido una cauda de membretes para un mismo movimiento desmembrado.

Agustín Francisco de Asís Basave Benítez cumplió ayer exactamente dos meses como dirigente nacional de la última versión de la izquierda en México, el PRD. Lo celebró ratificando lo que se había dado a conocer al difundirse una conversación telefónica ilegalmente obtenida, y entregada a algunos medios: si todas las pandillas que integran un partido al que el doctor Basave se afilió apenas el año pasado le dan su respaldo irrestricto e indiscutido para ir en alianza PRD-PAN a las elecciones de Puebla, Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz, entre otras, como ya se ha concertado que lo harán en Durango y Zacatecas, él renuncia. No a la militancia partidista, advierte —está demasiado nueva—, pero sí a la dirigencia nacional del PRD. En esta tesitura, Veracruz es clave por muchas razones.

Hijo de un prominente jurista regiomontano, Agustín Basave Jr. no llegó al PRD provisto de un grueso legajo de experiencia política. Lo suyo ha sido la grilla, la academia, el opinionismo y un raspón de diplomacia. Fue embajador de México en Irlanda en el gobierno de Vicente Fox. Fue priista la mayor parte de su vida política con el mérito de nombrarse amigo y consejero de Luis Donaldo Colosio. Pretendió encabezar en el PRI un movimiento para llevarlo por el camino de la social democracia y terminó afiliándose al PRD el año recién pasado.

Las tribus del perredismo pretendieron ver en el especialista en ciencia política de 57 años a un político manejable para cualquiera de los rumbos que lograsen imponer al partido. De ahí que su elección fuese por una gran mayoría, que Basave Benítez entendió como carta blanca para ejercer unipersonalmente el poder dentro del organismo político: precisamente lo imposible en una entidad de izquierda mexicana.

Por eso, repentinamente, los pragmáticos cabecillas de los grupos perredistas se acordaron que los partidos tienen una ideología a la que se deben y que —sospechosamente coincidiendo con el PRI— las alianzas del PRD, si las hubiere, jamás pueden darse con el PAN. Cruz, cruz, que se vaya el diablo y venga Jesús. La amenaza de renunciar, dijo Basave, no fue exabrupto, berrinche ni chantaje. Se trata de una actitud de política realista que pudiera sacar al PRD del marasmo de egos sobredimensionados que han privado a la izquierda mexicana de un partido que le interprete y le represente de manera objetiva y efectiva para conquistar posiciones clave de poder rumbo a 2018.

En realidad, el único congruente con la política del PRD es precisamente Basave. La tradición ha sido precisamente la alianza y la transa, de manera abierta o encubierta. De eso trata la política o, si se tiene un doctorado, la realpolitik. Esa precisamente indica que, en el caso de la minigubernatura de Veracruz, si Basave no logra imponer su criterio práctico y efectivo, los clanes del PRD terminarán dejándole el camino libre al gobernador Duarte para que imponga —como lo hizo el malhadado cónsul de México en Barcelona— un sucesor que le cuide las espaldas, que cargan multitud de trapacerías, incompetencias, corruptelas, violencia y malos manejos. Duarte necesita a un protector, como él lo fue de la administración de Fidel Herrera.

Tienen razón los que advierten que si Basave no logra imponer sus alianzas, el PRD saldrá perdiendo. No solamente las elecciones, su sino mismo. Se quedará como en la canción, con los brazos abiertos al final, como un Cristo.