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El hijo favorito de Aguascalientes, Armando Jiménez Veloz: “El Palomas”, no tiene remedio: es un rockstar que no tiene parangón en el ámbito de lo independiente y en donde nadie le puede competir —ni caifanes ni tacubos ni anexas— en eso de tener los discos más originales y mejor presentados.
Jose Xavier Navar
enero 22, 2016, 6:49 am

El hijo favorito de Aguascalientes, Armando Jiménez Veloz: “El Palomas”, no tiene remedio: es un rockstar que no tiene parangón en el ámbito de lo independiente y en donde nadie le puede competir —ni caifanes ni tacubos ni anexas— en eso de tener los discos más originales y mejor presentados (¡hasta parecen importados!) de la historia de, por lo menos, los últimos 25 años del rock mexicano, aunque sus canciones no son, por decirlo de alguna manera, del ámbito de sólo ese género, sino de un alternativo muchas veces cañón y subido de tono.

El año pasado, en El Lunario, presentó en directo su legado de 25 años de continuo taloneo en el rocanrol, con un concepto fuera de serie: doble CD titulado “Alas y Víboras”, en forma de libro con 21 rolas y un DVD en directo con 16 canciones, invitados especiales y edición emocionante para los estándares de los que se dicen independientes de agallas: un repertorio escogido de lo mejor de sus 343 rolas, para despedirse de las producciones discográficas (seguramente nada más por un rato, porque el que nació para escribir canciones y cantarlas como mera provocación de humores y sabores, sólo se va a ir cuando el cuerpo ya no le dé para recibir más alcohol, chelas y amor apache). Lo de su despedida luego de una discografía de lo más original en ediciones coleccionables en donde el pirata sólo podrá robar el sonido pero no el alma del concepto, debe ser una broma aunque parece que lo ha declarado muy en serio el que en los menesteres del trabajo por la libre, nunca ha tenido un mánager que no sea él mismo. “Su epitafio” –según dice— despliega en “Alas” su lado poético, mientras que su contraparte, “Víboras”, muestra el lado más bohemio, desmadroso y ocurrente de un tipo que puede cantar con su sola guitarra o treparse al escenario con grupo y hasta con orquesta sinfónica si le da su regalada gana, lo mismo que ganarle a Sabina el primer tequila de la madrugada. El exclusivo de La Veladora Producciones y rupestre honorario (que dio a conocer en su momento romántico-roquero “El Beso Acatempan” entre Saúl Hernández y Fher Olvera) y que lleva tatuados en los brazos al “Mil Máscaras”, para que con cualquier capucha del multifaces, le pueda hacer frente al destino en las buenas y en la malas, y al Dr. Wagner, para que lo asista en caso de accidente o enfermedad prolongada por efectos etílicos casi desconocidos, antes del formato libro-doble CD+DVD ya había probado en 2010 con el 3VECES7 y con el Retazos y Canciones de un escribiente maldoso, conceptos de los que es productor e intérprete, que no sólo retan a las tres grandes corporaciones discográficas —Sony, Warner y Universal— sino que, de pasada, las avergüenzan.

A otro perro con el retiro discográfico. No te tardes con el nuevo Armando.

pepenavar60@gmail.com