La Carpeta:
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En mi trayecto cotidiano me encuentro con frecuencia en la esquina de la calle 12 de octubre con la de Minería, que luego se convierte en Saltillo, y más adelante en Nuevo León, con un modesto automóvil estacionado con la cajuela abierta.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 28, 2014, 8:05 am

Felix Cortes Camarillo

En mi trayecto cotidiano me encuentro con frecuencia en la esquina de la calle 12 de octubre con la de Minería, que luego se convierte en Saltillo, y más adelante en Nuevo León, con un modesto automóvil estacionado con la cajuela abierta. De ella salen algunos de los tacos más deliciosos que puedo probar, siempre y cuando pase temprano y encuentre donde parar el carro.

La efigie no es nueva en el panorama urbano de México. En mi pueblo, en la esquina de la única alberca popular que había, se ponía un puesto de tacos de nada —tortilla colorada doblada y frita— rellenos de repollo finamente rebanado y salsa picante Búfalo. A lo largo y ancho de todas las calles del país se venden tacos de guisados mañaneros, tortas ahogadas, franceses con lechón asado y salsa de habanero, tacos de canasta, al pastor o de carnitas michoacanas, tamales con o sin atole, jugos de todas las frutas, ceviches y cocteles de mariscos, memelas, flautas, sopes y garnachas o unos exquisitos tacos de pescado frito en una esquina de Ensenada, cerca de la cantina Hussong´s, que yo me sé. Cerca de la oficina hay tacos de sirloin delgado a la plancha, y por el otro rumbo preparan porciones de sushi.

México es el país cuyos habitantes encabezan la lista de los que comen en la calle. No se trata solamente de que el desenfrenado desarrollo urbano y el miserable transporte público que sufrimos nos impide ir a comer a casa al mediodía, como lo hacía mi padre. Es, simplemente, que nos gusta; y ni siquiera la invasión cultural de los McDonald´s y el Starbucks podrán acabar con los tacos de cabeza y las flautas de nada cubiertas de crema y salsa verde.

El gobierno admite que más del sesenta por ciento de los mexicanos económicamente activos se dedica a la economía informal. Para mí tengo que más de la mitad de ellos se dedica a alimentar de azúcares, grasas y harinas indeseables nuestra tripa. Pero qué se le va a hacer.

Como todas las consecuencias económicas del tratado de libre comercio, la mutación cultural a los hábitos cotidianos norteamericanos lanzaron a nuestras calles las foods trucks. Ya las había, por ejemplo en las calles de Puebla con exquisiteces de la cocina yucateca, pero son dos enormes camiones; las más modernas son camionetas con mejor diseño y nombres que apelen, diría Monsiváis, a la cuarta generación de norteamericanos nacidos en México: Philly, La Baguette, Focaccia… Su diseño permite mejoría en cuanto a las condiciones de higiene de los productos que ahí se venden. Su condición auto móvil les convierte realmente en comercio ambulante. El que así llamamos tiene decenios establecido en la misma banqueta, con unos límites de territorio que ya hubieran querido los señores feudales.

Los señores feudales del Distrito Federal han comenzado la ofensiva contra las foods trucks. Hacen lo mismo que la taquera de la esquina y el chicharronero de media calle, pero representan una competencia desleal por ser más eficientes, más seguros y eventualmente más económicos. Paralelamente, las mafias de los taxistas se levantaron prácticamente en armas en contra de los nuevos servicios particulares de transporte que les hacen competencia. La empresa internacional más destacada se llama Uber, y consiste simplemente en un programa de computación conectado en internet mediante el cual los usuarios solicitan a una central virtual un vehículo, dando simplemente su ubicación. El auto llega, no hay pago en efectivo —todo se carga a la tarjeta empeñada— y el servicio suele ser más limpio, eficiente, rápido y sobre todo más seguro que los taxis. Pues estamos a punto de que la pugna por ese mercado devenga en lucha callejera violenta.

Son las consecuencias de una informalidad solapada o fomentada desde las instancias políticas. Como todos estamos a la búsqueda de 43 jóvenes perdidos, esto a nadie le importa.

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