La Carpeta:
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La piel del político-serpiente se encuentra cubierta de escamas, la crítica le afecta, pero no lo derrota. El político-serpiente –está en su naturaleza– cambia de piel. Su visión política es limitada y su lenguaje, como su propia lengua, es bífido: lenguaje siempre doble.
Jose Jaime Ruiz
enero 27, 2016, 5:14 am

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¿Cómo funcionan los políticos en razón de alguna de las categorías que se han delineado para el comportamiento del ser humano –desde una metamorfosis– como animal? En la metatropía, a la serpiente se le quiere astuta; a la paloma, inocente. La zorra es sabia, plural; el erizo, monotemático, singular. El insecto kafkiano es el decrecimiento de la animalidad: “Gregorio ya no desea (…) Vive un tiempo sin porvenir (…) muerte que incluso ha perdido su drama”. Por el contrario, en la animalidad de los cantos de Maldoror “las ganas de vivir se exaltan (…) Sometido a sus funciones especificas de agresión, el animal no es más que un asesino especializado”.

¿Cuáles son los políticos-serpiente? Los que, al acechar, se arrastran y esperan el momento preciso para lanzar su mordedura. Las serpientes, generalmente, trabajan solas, porque carecen de extremidades. Una herpetología política nos diría que en el veneno, e inclusive en la constricción (el estrangulamiento) hay perfidia. Toda serpiente es carnívora, pero después de alimentarse de su presa, viene un aletargamiento provocado por la digestión.

La piel del político-serpiente se encuentra cubierta de escamas, la crítica le afecta, pero no lo derrota. El político-serpiente –está en su naturaleza– cambia de piel. Su visión política es limitada y su lenguaje, como su propia lengua, es bífido: lenguaje siempre doble. Al contrario de la Medicina que quiere ver a las serpientes como un símbolo de salud (la vara de Asclepio), los políticos-serpientes pueden representar una enfermedad, ya que su destino es cazar y digerir: aletargarse con el poder.

¿Cuáles son los políticos-paloma? Los que buscan la “armonía”, la política de composición. Decía Goethe que la paz es el mensaje de las palomas, por el contrario, la guerra es el mensaje de los cuervos. Robustez en cuello y cuerpo, pico delgado y corto: un lenguaje que no va con la verborrea. Sus nidos –sus administraciones– son normalmente débiles. En oposición de la serpiente, los políticos-paloma no son carnívoros: se alimentan de semillas y de frutos. Las palomas inmaduras son pichones. Su radio de acción nunca es constreñido pues poseen la destreza de habitar en todos los lugares y poseen la capacidad de regresar a su nido desde posiciones remotas.

Para su existencia, los políticos-paloma deben de arroparse con un conjunto de palomas o, al menos, dar esa fachada. Una paloma, con regularidad, es la solución idónea a un conflicto porque, simbólicamente, son las que mejor comunican los mensajes: Noé dejó escapar una paloma de su arca después del diluvio universal para que encontrase tierra firme, ella regresó con una rama de olivo en el pico. Su mayor defecto es simbolizar el ilusionismo porque los políticos-paloma difícilmente son lo que pretenden ser. El mago saca de la chistera vacía una paloma, paloma que sirve para engañar al público, a los ciudadanos. La inocencia de los políticos-paloma puede ser, en realidad, perversidad.

En La paz perpetua Kant ensaya: “La política dice: ‘Sed, pues, astutos como serpientes’, pero la moral añade una condición limitante: ‘e inocentes como palomas’.”