La Carpeta:
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El "cobijagate" nunca fue mala leche de los Junco y de su periódico El Norte, en todo caso ha sido mala copa del Bronco y su fiesta de bandidos donde conviven sin rubor Rogelio Benavides, Fernando Elizondo, Ernesto Canales, Lorenia Canavati… Tanto peca el que indulta a la vaca como el que le desata la pata. Eso.
Jose Jaime Ruiz
septiembre 27, 2016, 9:14 am

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No quisieron calentarse bajo las cobijas de la corrupción y la impunidad, por eso Rogelio Sada, Malaquías Aguirre, Lourdes López, Paula Villalpando, Sandra Garza y Graciella Fulvi renunciaron a la Contraloría Ciudadana (cobijagate) ya que, más que coadyuvar al combate a la corrupción y a la impunidad, con su presencia las avalaban. Como avalan la corrupción y la impunidad Fernando Elizondo, Ernesto Canales, Lorenia Canavati y Nora Elia Cantú.

El cobijagate nunca fue un invento de El Norte, fue en todo caso una filtración de Miguel Treviño, entonces titular de la Oficina Ejecutiva de Jaime Rodríguez Calderón. Miguel, tan animoso y combativo en el pasado, todavía nos debe, en aras de la transparencia y la rendición de cuentas, los motivos por los cuales renunció. Si el cobijagate fue una filtración de cualquier “garganta profunda”, tuvo que ser respaldada por Elizondo: Fernando no pudo no saber lo que se le entregaba a El Norte.

Con su tibia respuesta de “remar” mientras el barco no se hunda y callarse en el tema de las cobijas, Fernando rompe con Alejandro Junco porque, ¡pues cómo!, si el equipo de Elizondo fue el que filtró y con ello denunció la corrupción de los amigos del Bronco, ahora ni condena ni se retracta: agachón, se va de lado, mientras la sociedad condena su silencio.

Las consecuencias del cobijagate saltan a la vista: Bronco ya rompió cuasi definitivamente con los Junco; su gobierno es un gobierno de corrupción e impunidad; no ha hecho lazos con otros medios de comunicación para paliar su declive en la percepción; su comunicación social es un desastre; su comunicación de redes ni impone agenda ni credibilidad; la seguridad se le fue de las manos; su torpeza comunicativa prosigue; ilusionado en lo imposible (la Presidencia) convoca a entusiasmos miserables dentro de su gabinete: trabajan para el futuro electoral, no para el presente ciudadano.

“La mayoría de las formas de corrupción nunca se hacen públicas, y de ahí que nunca se vean expuestas al riesgo de un escándalo. Sin embargo, implicarse en actividades corruptas y tener la esperanza de sobrevivir en la vida pública es algo así como tener una generosa fe en los mecanismos de la discreción o un gran sentido de la confianza respecto al grado de impunidad con el que uno puede contar en caso de que esas actividades, ocultas durante un tiempo, sean súbitamente reveladas a los ojos de los demás (El escándalo político. John B. Thompson. Paidós).

El cobijagate nunca fue mala leche de los Junco y de su periódico El Norte, en todo caso ha sido mala copa del Bronco y su fiesta de bandidos donde conviven sin rubor Rogelio Benavides, Fernando Elizondo, Ernesto Canales, Lorenia Canavati…

Tanto peca el que indulta a la vaca como el que le desata la pata. Eso.