La Carpeta:
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Hasta donde se sabe, el Bronco es un hombre de lealtades. El avance en el tejido político trazado por Manuel González lo convierte, sin duda, en el próximo secretario de Gobierno, pero Manuel debe tranquilizarse. Un secretario del gobierno independiente debe privilegiar la política de composición, no la política de conflicto: re-trazar, no retrasar.
Jose Jaime Ruiz
agosto 27, 2015, 7:51 am

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Jaime Rodríguez Calderón ya pasó la etapa del ensayo-error, ahora viene la etapa del acierto-acierto. Como las expectativas de su gobierno son muy amplias, ya no queda margen de baladronadas ni de invenciones políticas ni de improvisaciones. El Bronco, quien ha participado en la vida partidista del PRI, en el poder ejecutivo estatal y municipal y en legislaturas locales y nacionales, lo sabe bien: errar ya no es camino.

La integración del gabinete del Bronco obedecerá no sólo a las lealtades que requiera el nuevo gobernador, sino al pago de facturas que necesitan sus patrocinadores, además de la integración del equipo del Grupo-Bronco San Pedro, encabezado por Fernando Elizondo Barragán. De esta manera, es importante resaltar los “no” y especular en los “sí”.

Como en el tema de la transparencia al abrir las reuniones al público interesado en la transición, el Bronco acierta al atajar el nepotismo en su nuevo gabinete. En efecto, si los nuevos funcionarios del gobierno estatal deben ser “apartidistas” o renunciar a su partido para acceder a un puesto público (esto también incluye a Movimiento Ciudadano), más peso tiene que el hijo de quien coordinará las políticas públicas, Fernando Elizondo Barragán, no tenga un puesto, ni de procurador ni de nada, en la próxima administración. Fernando Elizondo Ortiz, Tato, como tampoco su tío Luis David, tendrán cabida, aunque puedan cabildear, en el próximo gobierno independiente.

Al atajar, también, la posibilidad de que Jesús Ancer, próximo ex rector, sea el nuevo secretario de Educación, el Bronco traza una nueva línea de hacer política. La tradición no se impone. Tanto Ancer como José Antonio González Treviño participaron activamente con el gobierno de Rodrigo Medina de la Cruz, aunque el Tigre Toño se alejó a tiempo. La inclusión de María de los Ángeles Errisúriz Alarcón (contrario a los que piensan que se impuso por el apellido coahuilense Moreira) en la transición, es parte de los saldos pendientes que tiene el Bronco con su sponsor Patrick Slim. La Secretaría de Educación estatal, como nunca antes, es fundamental para la ciudadanización y la credibilidad del nuevo gobierno. La titularidad de esta secretaría indicará la cercanía o la lejanía del Bronco con el magisterio y los ciudadanos. González Treviño, dentro del mandato de Rodrigo Medina, no lo hizo bien, ya tuvo su chance y las cosas no re-evolucionaron. El Bronco tiene la opción magisterial (Roel Guajardo Cantú) o la de sus patrocinadores.

Hasta donde se sabe, el Bronco es un hombre de lealtades. El avance en el tejido político trazado por Manuel González lo convierte, sin duda, en el próximo secretario de Gobierno, pero Manuel debe tranquilizarse. Un secretario del gobierno independiente debe privilegiar la política de composición, no la política de conflicto: re-trazar, no retrasar. La explosividad y la arrogancia de Manuel pueden jugar en su contra.

Roberto Flores Treviño –como Mario Gámez en los temas de comunicación– tiene impedimentos morales, clientelares y hasta de outfit para ser el nuevo procurador: Roberto no se procura ni a sí mismo. El procurador, al menos en el escaparate, debe de ser una persona intachable, ir más allá de The Firm, ese despacho de Santos-Elizondo-Mendoza, y otros, que ha manejado políticamente la procuración de justicia en el estado, sobre todo porque, si se quiere acabar con la impunidad, la figura del nuevo procurador y su equipo es esencial. Cercano entre los cercanos al Bronco, Flores Treviño bien podría funcionar como el asesor jurídico del gobernador.

La Secretaría de Finanzas y Tesorería General, si se mantiene la presión y el gran grado de influencia del Grupo-Bronco San Pedro, tendrá que recaer en una de las personas de mayor confianza, no por amiguismo sino por eficiencia, de Fernando Elizondo Barragán. Otras secretarías esperan a Jorge Arrambide y a Lorenia Canavati, si ella acepta.

El próximo gabinete del Bronco no cumplirá con todas las expectativas, pero al menos pugnará por mantener la credibilidad de las elecciones en la acción de designar al nuevo equipo del gobierno independiente. Contrario a la tradición priista que rezaba que se podía equivocar al poner a alguien en un puesto pero no equivocarse al quitarlo, el Bronco tiene la enorme responsabilidad de no errar al designar a sus compañeros de viaje administrativo y gubernamental porque las responsabilidades horizontales de un gobierno independiente son mucho mayores que las imposiciones verticales de los gobiernos del bipartidismo.

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