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En esto el Bronco pierde por partida doble: el Bronco no puede en el combate a la inseguridad que flagela a los ciudadanos y, al usar la coacción física en contra de un diputado, se convierte en un delincuente institucional. Y lo más lamentable de todo es que el Bronco ya está perdiendo piso.
Jose Jaime Ruiz
enero 22, 2016, 9:07 am

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Jaime Rodríguez Calderón se pasea por el país apoyando las candidaturas independientes, mientras tanto la inseguridad se enseñorea en Nuevo León. La inseguridad provocada por el crimen organizado y por la delincuencia común, pero también la incertidumbre del poder político autoritario que –al final de cuentas la política se basa fundamentalmente en la coacción física– provoca la violencia, la incertidumbre, la inseguridad del patrimonio de los críticos del gobernador, en este caso el diputado Marco Antonio González, quien es perseguido en su empresa de El Pollo Loco por la Secretaría de Salud.

En el recuento de los daños en la era Bronco, cabe destacar las 226 denuncias en este mes de enero del robo de automóviles, los cuatro asaltos bancarios, los robos en casa-habitación y en el transporte público, la violencia en el aeropuerto entre taxistas y, por supuesto, los ejecutados. En tiempos del Bronco, la inseguridad en Nuevo León es ya un hecho lacerante.

Por eso preocupa la coacción física que el Bronco empieza a ejercer en contra de sus críticos. Si realmente la Secretaría de Salud, con el compadre del gobernador Manuel de la O al frente, quisiera poner orden en los establecimientos de comida y en los restaurantes, tendría que hacerlo de manera ordenada y homogénea, no ir sólo en contra de Marco Antonio González.

Preocupa esta violencia institucional porque el asunto central es el uso violento, enmascarado en reglas sanitarias, de la coacción física en contra de la crítica, venga de donde venga. La vena autoritaria del Bronco y de su gobierno ya ha sido expuesta –como sus amenazas en contra de los maestros– y más vale que esta administración recule en ese autoritarismo no autorizado por los ciudadanos. Aquí el tema no es si se está de acuerdo o en desacuerdo con las críticas del diputado priista en contra del Bronco, de lo que se trata en realidad es de la autorización de poder que se le confirió al gobernador y que se está volviendo un abuso.

En esto el Bronco pierde por partida doble: el Bronco no puede en el combate a la inseguridad que flagela a los ciudadanos y, al usar la coacción física en contra de un diputado, se convierte en un delincuente institucional. Y lo más lamentable de todo es que el Bronco ya está perdiendo piso.

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