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La educación en México no afronta un dilema entre lo práctico y lo complejo porque en realidad ya no se hace bien ni una cosa ni la otra. Es decir, estamos en la antesala de un desaste.
Eloy Garza
septiembre 13, 2017, 9:34 am

Mi generación (la de los setenta) aprendió matemáticas a la antigüita: repetíamos en voz alta las tablas de multiplicar. Todavía no se creía que si las matemáticas se aprenden lógicamente, si se razonan cada uno de sus paso, ya no es necesario recurrir a la memoria. Así comenzamos a enseñar en México las matemáticas modernas. Grave error porque desde entonces se impuso la moda de estudiar las matemáticas más inútiles que se pudiera, las más rebuscadas, abstractas e incomprensibles: trigonometría, cálculo diferencial, matrices, etcétera.

¿Cuáles son las matemáticas útiles, para una persona común? Medir superficies, hacer sumas y restas de cosas, calcular tipos de interés para una compra o una venta. Las matemáticas financieras me dicen cuánto me cuesta una hipoteca o una camioneta a plazos o cuánto me saldrá más caro sacar en abonos un refrigerador en Coppel. Conocimientos científicos pero con aplicaciones perfectamente prácticas. La lógica puede ser paciente porque es eterna, pero no sirve de nada para interpretar el recibo de la luz, antes de que se cumpla la fecha de corte. O para que Robinson Crusoe sobreviva a los apuros diarios en su isla desierta.

Así, las matemáticas modernas son un fracaso para adquirir habilidades y destrezas para la vida porque se limitan a demostrar un teorema. Si el alumno no se gradúa como físico matemático o ingeniero civil, en realidad no volverá a usar este conocimiento el resto de su vida. Y tampoco se habrá perdido de mucho. O al menos, no se habrá perdido de destrezas prácticas para sobrellevar su vida.

Los grandes y pequeños problemas que tenemos que afrontar los seres humanos en nuestra realidad cotidiana (¿cuál avenida está menos transitadas para llegar al trabajo? ¿dónde venden el mejor diezmillo para una carne asada?) no pasan por la lógica deductiva. Sí por las finanzas domésticas, que lamentablemente casi no se enseñan en las aulas, porque a muchos profesores (con sus excepciones gloriosas) se les dificulta hasta presupuestar la lista del súper.

Ahora bien, el problema del actual método de enseñanza-aprendizaje, al menos en Nuevo León, es que ya no se enseñan adecuadamente ni las matemáticas tradicionales ni las modernas. La educación en México no afronta un dilema entre lo práctico y lo complejo porque en realidad ya no se hace bien ni una cosa ni la otra. Es decir, estamos en la antesala de un desaste.

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