La Carpeta:
1 de 10
 
“Como decía Michel Foucault, el poder no es en sí el mal. Si se descompone en sus dinámicas elementales, el poder es una acción que se ejerce sobre otras acciones, procurando influenciarlas, modificarlas, desviarlas. Por lo cual, le es natural buscar limitar el espacio de libertad de las acciones de los otros.”
Jose Jaime Ruiz
enero 30, 2016, 2:01 pm

jjr-tubos

Recordemos que durante la mayor parte de nuestra historia vivimos en comunidades muy pequeñas, de unos cuantos cientos de personas. En esos contextos, esos líderes jugaron un papel preponderante en la creación del sentido de pertenencia a una comunidad. Y eso todavía está con nosotros: si alguien es venerado por muchos, tendemos a verlo como un indicador de que esa persona es importante y a considerar su ejemplo como una guía para hacer bien las cosas. Y así es como terminamos siguiendo a gente famosa en Twitter. El problema es que no existe ninguna guía que nos diga qué tan bondadosa o inteligente esa persona realmente es; uno puede conseguir seguidores en las redes sociales por las razones incorrectas. // Robin Dunbar

Como decía Michel Foucault, el poder no es en sí el mal. Si se descompone en sus dinámicas elementales, el poder es una acción que se ejerce sobre otras acciones, procurando influenciarlas, modificarlas, desviarlas. Por lo cual, le es natural buscar limitar el espacio de libertad de las acciones de los otros. Pero habitualmente existe la posibilidad de una respuesta, una reacción que tiene en sí la potencialidad de modificar la dirección de las tentativas de presión por parte del poder. // Simona Forti

… es un verdadero problema que la gente suela presionar el botón “enviar” antes de pensar. Todos lo hacemos. Frente a una computadora, te comportas de una manera en la que no te comportarías en público, y en parte se debe a que en los encuentros cara a cara estás todo el tiempo chequeando qué piensa la otra persona y cómo reacciona a lo que dices, y eso a veces evita que hagas o digas determinadas cosas. Debido a que no recibes un feedback inmediato a través de la interacción electrónica, respondes automáticamente, antes de pensarlo bien. Según un estudio que se hizo en Gran Bretaña hace más de un año, el 50% de la gente ha dicho algo online de lo que se arrepentía. Es una proporción muy, muy grande. Ahora bien, puedes haber dicho alguna tontería, y tus amigos te lo van a perdonar; no pasa nada. Pero a veces puedes decir algo muy serio y terminar rompiendo una amistad o incluso una relación familiar. Y las relaciones familiares son más difíciles de subsanar que las amistosas. Es cierto que las familias son más resilientes, más compasivas y que toleran más. Pero si vas muy lejos puede ser catastrófico; es muy difícil recomponer ese tipo de relación. // Robin Dunbar

Este asunto es central a la hora de pensar la estética contemporánea y las condiciones de posibilidad de lo bello en una era de compulsión digital por la imagen. Si “de la obra de arte viene una sacudida que derrumba al espectador”, escribe Han en su reciente ensayo La salvación de lo bello, la estética dominante actual se opone “a toda forma de conmoción y vulneración; lo bello se agota en el Me gusta de Facebook y la estetización demuestra ser una anestetización, una sedación de la percepción” (entre tanto, el otro gran objeto de deseo visual estaría concentrado en la selfie, que si por un lado es una “estética del primer plano que refleja una sociedad que se ha convertido ella misma en una sociedad del primer plano”, por otro, y “en vista del vacío interior, el sujeto de la selfie trata en vano de producirse a sí mismo”). // Nicolás Mavrakis

Miles de millones de dólares se pierden cada año en estafas románticas. Hay gente que pierde sus casas o sus ahorros de toda la vida. En las relaciones cara a cara, recibimos alertas constantemente; hacemos verificaciones de la realidad todo el tiempo para mantener el equilibro entre la imagen idealizada de una persona y su comportamiento real. En el mundo online, en cambio, no obtenemos nada de eso. Los estafadores amorosos son extremadamente buenos en darle a la persona del otro lado de la línea información que refuerce sus creencias, con lo que terminan construyendo una imagen completamente falsa e idealizada de sí mismos. Y una vez que se llega a ese punto, es difícil salir, especialmente para las mujeres, que suelen ser más confiadas. Una vez que el mecanismo de verificación de la realidad deja de funcionar, es demasiado tarde. // Robin Dunbar

Los cultores de la slow reading aseguran que la ralentización intencional de la velocidad de lectura puede incrementar el placer o la comprensión del texto y, como efecto colateral, permite también desacelerar el ritmo de la vida cotidiana. Un estudio que la Universidad de Sussex, Inglaterra, hizo en 2009 está de su lado: los investigadores aseguraron que seis minutos de lectura ayudan a reducir el estrés hasta en un 68 por ciento. Para anunciar estos resultados, los expertos aceleraron el pulso cardíaco de las personas que fueron estudiadas a través del ejercicio físico intensivo. Después los hicieron leer, tomar té, escuchar música y jugar a algún videojuego: entre esas opciones, la lectura fue la más eficaz a la hora de devolver el ritmo cardíaco al punto de partida del experimento, e incluso bajarlo un poco más. // Publicado en El Clarín

Es un problema grave; se ha vuelto muy común que senadores o presidentes tengan su página en Facebook y su cuenta en Twitter, e intenten dirigirse al “ciudadano de a pie”. Pero no se trata de una relación personal; ellos no saben quién eres y en las relaciones de la vida real el trato debe ser mutuo: sé quién eres, tú sabes quién soy y así podemos tener algún tipo de relación que tenga alguna relevancia. Estas enormes cuentas de Twitter y Facebook que tienen los políticos son como faros iluminando a lo lejos: no importa si está pasando un barco o no, la luz sigue titilando. // Robin Dunbar

El islamismo no es el islam, como el leninismo no era el pensamiento de Marx, y el nazismo no era Nietzsche. En el siglo XX hubo ideologías seculares en la base de los totalitarismos. Es la primera vez que un fundamentalismo religioso se convierte en el portador de un totalitarismo. Está basado en el islam, lo usa como un arma; las ideologías son armas. Las democracias liberales, los derechos humanos y civiles son su peores enemigos, más que los judíos y los cristianos. El horror del terrorismo, los dilemas que plantea, pueden activar reflexiones filosóficas originales. No se puede seguir respondiendo al problema del mal con Hannah Arendt. // Agnes Heller

Tenemos un cerebro que puede lidiar con hasta 150 amistades y relaciones familiares. Pero si no disponemos de 20 o 25 años de una extensiva experiencia social, no somos capaces de aprender las habilidades para manejar esas relaciones. Mi preocupación es que los chicos que pasan demasiado tiempo conectados simplemente no estén teniendo la oportunidad de aprender a lidiar con las complejidades de la vida, porque una de las cosas que necesitas aprender es cómo ceder, como ser flexible. Y esto es lo que pasa en lo que llamo “los areneros de la vida”: cuando otro nene te tira arena en la cara, no puedes salir del cajón, tienes que aprender a lidiar con esa situación. Pero si tu vida transcurre en línea, con tirar del enchufe ya está, no tiene que lidiar con nada. Dentro de 30 años sabremos si esto es un problema o no. Me preocupa que lo sea: gran parte de nuestra capacidad para manejar las grandes y complicadas sociedades en las que vivimos depende de ese largo período de experiencias de socialización durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta. La mayoría de nosotros no adquiere competencias adultas hasta los 25 años. Que ese proceso no llegue a completarse es, creo, un problema mucho más grave. // Robin Dunbar

LOS TUBOS es una divisón de Buró Blanco S.A. de C.V. Copyright © Monterrey, Nuevo León, México. Páginas web