La Carpeta:
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El origen de nuestra falta de felicidad y de soledad es el excedente de tiempo libre. Los jubilados se aburren más y se sienten más solos. Y como todo se compensa, los casinos nos restan tiempo para convivir con otros semejantes; para relacionarnos socialmente.
Eloy Garza
agosto 28, 2015, 5:14 am

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Otro año más: los familiares de las víctimas del Casino Royale, acaso de manera interminable, lloran a sus muertos y piden esclarecer los hechos. Pero al margen de lo doloroso de este recuerdo, ¿son los casinos en Monterrey una de las múltiples causas de la fragmentación social?

Los casinos no son fuente de infelicidad ni la causa de nuestra soledad; es su salida, su escape engañoso, su remedio casero. El origen de nuestra falta de felicidad y de soledad es el excedente de tiempo libre. Los jubilados se aburren más y se sienten más solos. Y como todo se compensa, los casinos nos restan tiempo para convivir con otros semejantes; para relacionarnos socialmente.

Los casinos desplazan otros usos del tiempo libre; nos salvan del contacto humano. Y a pesar de eso, no dejamos de sentirnos solos. Los casinos son una rutina de solitarios, crédulos de engañar su soledad.

¿Cuántos jugadores de maquinitas en promedio platican con la persona sentada a su lado? Los casinos aletargan el aislamiento personal, por eso carezcan de ventanas, no delaten el paso de las horas ni hacen distinción entre el día y la noche. El casino desplaza la actividad social por acciones solitarias. Esos mexicanos que en suma invierten ochenta millones de horas de casino al año, siguen ensimismados.

Los casinos aumentan el materialismo de los seres humanos y disminuyen la valoración de las relaciones humanas: si convivo con mi vecino no obtengo más que una dudosa satisfacción; en cambio, si convivo con la maquinita, al menos hipotéticamente obtengo dinero. ¿Qué es mejor para mí?

Gastar el tiempo libre en los casinos conduce a dedicar más energías al placer material y menos interés a la satisfacción social. Frente a esta disyuntiva es imposible competir: de antemano se sabe la decisión de la mayoría de la gente. De ahí que, como puede verlo el lector, la ludopatía no es el peor de los males de los jugadores de maquinitas.

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