La Carpeta:
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Inexperto en sus líneas discursivas, en sus argumentos, César Garza Villarreal debe una explicación pormenorizada de su pésima administración en Guadalupe. Peonza de Ismael Flores, hay que buscar dónde se gastó el erario de ese municipio. Irresponsable y no sólo ineficiente, César debe de dejar de echar culpas a otros cuando él tuvo tres años de gestión para entregar un Guadalupe mejorado.
Jose Jaime Ruiz
enero 29, 2016, 8:40 am

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El actual alcalde de Guadalupe, Francisco Cienfuegos, nada debería de agradecerle al exalcalde César Garza Villarreal porque agradecerle a priori, desde la percepción, se ve como exonerarlo a posteriori. Teniendo inclusive atrás la sombra de Rodrigo Medina, Paco se ganó a pulso la alcaldía, además de soportar en campaña la pésima administración de Garza Villarreal –tomando en cuenta, también, la división endémica de los panistas en ese municipio. Paco no le debe nada a César.

Traicionero por naturaleza, César Garza Villarreal no puede contar con la lealtad institucional de Paco Cienfuegos. El exalcalde de Guadalupe tal vez sea, en los trienios recientes, el peor alcalde que hayan tenido los priistas en Nuevo León. Ricardo Canavati sigue vigente en una diputación verde, Clara Luz Flores repitió sin problema en Escobedo, a pesar de su debacle, Ivonne Álvarez sigue en el senado, al igual que Cristina Díaz.

Las aclaraciones de Garza Villarreal, frente a los desaguisados de su gestión, suenan a excusas. En la rendición de cuentas por venir, el exalcalde debe explicarle a los guadalupenses y a los nuevoleoneses por qué heredó una deuda de mil 100 millones de pesos, por qué hubo una deuda de 54 millones de pesos a corto plazo, qué pasó con los 210 millones de pesos de demandas de los proveedores, por qué están extraviados 21 armas de fuego y 470 cargadores.

Entrevistado por el periódico El Norte, César Garza Villarreal no sólo evade explicar, también se excusa con torpeza. Al tratar de justificarse, expone:

“Cuando yo llegué ni siquiera había contabilidad”, con esto alude de nuevo a responsabilizar a Ivonne Álvarez, pero César tuvo tres años para enmendar entuertos y, al contrario, profundizó los desmanes contables.

“Las armas no están en el aire, no desaparecieron, las armas están asignadas a una persona y esa persona, ubicada en algunos casos, y en otros no se pudo ubicar físicamente, la persona sustrajo el arma”, asegurando que este tipo de robos es normal en cada gestión.

Pobre argumento, sin duda, porque habría que preguntarle a Mauricio Fernández, Clara Luz Flores o Adrián de la Garza si acaso lo mismo ha sucedido en San Pedro, Escobedo o Monterrey.

Inexperto en sus líneas discursivas, en sus argumentos, César Garza Villarreal debe una explicación pormenorizada de su pésima administración en Guadalupe. Peonza de Ismael Flores, hay que buscar dónde se gastó el erario de ese municipio. Irresponsable y no sólo ineficiente, César debe de dejar de echar culpas a otros cuando él tuvo tres años de gestión para entregar un Guadalupe mejorado. Apestado ya como político priista, murmurador incansable, a Garza Villarreal se le debería castigar por su descalabro administrativo.

Paco no le debe nada a César, pero César sí le debe a los guadalupenses. Si Paco lo exonera, el condenado será Paco.

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