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En los segundos comicios para gobernador, la guerra sucia se ensañó en contra de Preciado. Fueran o no ciertas las acusaciones, la reputación de Preciado cayó en picada. Lo denunciaron incluso como tratante de blancas. Volvió a perder los comicios.
Eloy Garza
enero 18, 2016, 6:40 am

eloy-nuevo

A veces, el destino se confabula con el fraude electoral. En la pasada elección a gobernador de Colima (volcán y palmeras a la orilla del mar) el candidato del PRI, Ignacio Peralta ganó, por una cabeza, al candidato del PAN, Jorge Luis Preciado. El resultado fue uno de los más controvertidos en la historia electoral reciente.

El órgano electoral local detectó irregularidades notorias sobre todo, con el uso de recursos públicos por parte de la Secretaría estatal de Desarrollo Social. Inusitadamente, se decidió repetir los comicios y Preciado, un panista joven, ex coordinador de su fracción en la Cámara de Senadores, ganó una segunda oportunidad para contender por la gubernatura.

Parecía que ahora sí se le alineaban los astros. No sería la primera vez. De niño, Jorge Luis se fue de mojado a Phoenix, en la cajuela de un carro. Entumecido, en posición fetal, sufrió por más de doce horas la sensación de lenta asfixia, porque la única fuente de oxígeno era un orificio del carro, del tamaño de una moneda de un peso, por donde entraba más polvo que aire.

Al borde de la muerte, Preciado logró escapar de su encierro. Vivió como vagabundo abajo de un puente. Vendió láminas que recogía de los basureros para poder sobrevivir. Trabajó de mesero y piscador en Arizona. Luego, regresó a Colima y ganó un escaño en el Congreso local.

Preciado es rudo, con poco tacto para expresarse, y a veces pierde piso cuando se refiere a las mujeres que han parido a sus hijos. Pero ganó legítimamente un espacio en el Senado y sin formar parte de un grupo importante de legisladores, fue designado coordinador de su partido en la cámara alta.

Su afán de ser gobernador era el paso natural en su vertiginosa carrera política. Pero Colima, a pesar de ser un estado pequeño, es una joya para el contrabando y el tráfico de estupefacientes. Manzanillo es un puerto por donde transita y se distribuye algo más que cargamentos diarios de mercancías legales. Era quimérico pensar que los poderes fácticos de la entidad cedieran el control político a un ex indocumentado, que además es atrabiliario y no está acostumbrado a negociar.

En los segundos comicios para gobernador, la guerra sucia se ensañó en contra de Preciado. Fueran o no ciertas las acusaciones, la reputación de Preciado cayó en picada. Lo denunciaron incluso como tratante de blancas. Volvió a perder los comicios. Él dice que de nuevo que le robaron el triunfo. En todo caso, la diferencia de votos fue mínima.

A muchos nos hubiera gustado vivir un cambio de mando en el gobierno colimense. Pero el estado con todo y su puerto es un bastión valioso. Y los poderes fácticos no suelen jugarse el pellejo con perfiles diferentes. Fue una elección manchada por el fraude, pero no se pude ir más allá de una segunda oportunidad. Y por primera vez en su vida azarosa, Jorge Preciado tendrá que reconocer que, por la buena o por la mala, fue derrotado por una nebulosa de intereses creados, traiciones internas y entes que no suelen salir a la luz pública pero que son factores decisivos para inclinar la balanza en una elección.

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