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En Colima, la captura del Chapo recompone el mapa del narcotráfico. Los levantones y asesinatos entre cárteles habían puesto contra las cuerdas al gobierno estatal a lo largo de 2015. Tanto, que incluso se evidenció una connivencia. Dos exgobernadores sufrieron atentados. El poder político responde al poder fáctico de las drogas.
Eloy Garza
enero 12, 2016, 5:50 am

eloy-nuevo

En Colima, la captura del Chapo recompone el mapa del narcotráfico. Los levantones y asesinatos entre cárteles habían puesto contra las cuerdas al gobierno estatal a lo largo de 2015. Tanto, que incluso se evidenció una connivencia. Dos exgobernadores sufrieron atentados. El poder político responde al poder fáctico de las drogas.

Luego vino la anulación de las elecciones para gobernador, proceso plagado de irregularidades. Era inconcebible que el candidato del PRI usará la maquinaria de la administración estatal para manipular a su antojo el listado nominal de 498,531 votantes. Y lo hizo a plena luz del día a través de la Secretaría de Desarrollo Social que repartió despensas masivamente a nombre del candidato del PRI, Ignacio Peralta.

Sin embargo, pese al derroche de recursos públicos en la pasada elección del 2015, el priista Peralta apenas logró ganar con 119 mil 427 sufragios (integró la coalición PRI-PANAL-PVEM, a la que ahora se le suma el PT). La diferencia de 506 votos frente a su más cercano contendiente, el panista Jorge Luis Preciado Rodríguez, que obtuvo 118 mil 921, arrojan una certeza irrebatible: sumando pago por voto, la de Colima ha sido, proporcionalmente, una de la elecciones más caras de la historia reciente de México, y por ende, una de las más corruptas, hecho que sería surrealista en cualquier otro país considerado democrático.

Pero la impugnación del panista Jorge Luis Preciado procedió inusitadamente y logró anular el resultado, para repetir la elección colimense ahora programada para el próximo 17 de enero. El chiste le costará a los colimenses 25 millones de pesos.

Por supuesto, la guerra sucia no cesa. Ya se ve que la difamación o la exhibición de pecados privados de candidatos en redes sociales será la constante en los comicios que veremos en el 2016 y sobre todo en la presidencial de 2018. La reputación, y no las propuestas, serán el único y obsesivo tema de campaña.

La guerra sucia predominó en el 2015 en Baja California Sur (con 465,372 votantes), y Querétaro (1, 413,787), donde ganó el PAN; Michoacán (3, 240,231) que mantuvo el PRD y Nuevo León (3,560,457) donde ganó el candidato independiente Jaime Rodríguez. Los demás procesos los ganó el PRI: Campeche (603,610), Guerrero (2, 404,953), San Luis Potosí (1, 859,632) y Sonora (1, 967,610).

2016 tampoco será la excepción en guerra sucia y contaminación del narcotráfico en la liza política. Basta recordar que el corredor del Cartel de Sinaloa, abarca Chihuahua (con un listado nominal de 2,567,731), Durango (1,200,241), Tamaulipas (2,497,982), Tlaxcala (856,154), Zacatecas (1,103,715) y desde luego, Sinaloa (2,008,320).

En cada uno de estos estados el narcotráfico definirá para mal las elecciones y estigmatiza la gestión de los gobernadores entrantes. En este análisis, la renovada elección en Colima opera como un laboratorio priista de fraude y blanqueo de dinero ilícito. En este estado se juega algo más que la gubernatura y se pierde algo más que la dignidad.

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