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El trabajo de The New York Times olvida a Zambrano, no es completamente fiel en la actuación de José Antonio Fernández en el anterior y actual gobierno, tampoco investiga las causas reales del deterioro de la inseguridad en Nuevo León.
Jose Jaime Ruiz
enero 8, 2018, 8:09 am

En su nota sobre la inseguridad (“Pierden fe mexicanos en el Estado.- NYT”), el periódico Reforma-El Norte reproduce un reportaje del rotativo neoyorquino donde se analiza el tema de tres lugares del país: Tancítaro, Monterrey y Ciudad Nezahualcóyotl.

Sobre Monterrey The New York Times destaca, según la nota de Reforma-El Norte:

1.- “En lugar de expulsar a las instituciones, la élite empresarial de Monterrey se hizo cargo silenciosamente de ellas, todo con la bendición de sus amigos y socios de golf en las oficinas públicas. Pero su progreso, una vez notable, ahora se está colapsando. El crimen está volviendo. 'Te lo digo, tengo una larga carrera en estos asuntos, y el proyecto del que estoy más orgulloso que cualquier cosa es este en Monterrey', dijo Jorge Tello, consultor de seguridad y ex jefe de la Agencia Nacional de Inteligencia. 'Es muy fácil perderlo', advirtió, y agregó que ya podría ser demasiado tarde.”

2.- “El experimento de Monterrey comenzó durante un almuerzo. Tello estaba cenando con el Gobernador, quien recibió una llamada de José Antonio Fernández, el director de Femsa, una de las compañías más grandes de México. Los guardias de seguridad privados de Femsa, mientras transportaban a los hijos de los empleados a la escuela, habían sido atacados por pistoleros del cártel, dijo. Dos murieron evitando lo que probablemente fue un intento de secuestro. El Gobernador puso la llamada en el altavoz. Fue la primera de muchas conversaciones junto con otros jefes corporativos que enfrentaron amenazas similares.”

3.- “Un club de ejecutivos corporativos que se hacen llamar el Grupo de los 10 se ofreció para ayudar a financiar y reformar la Policía de secuestro del Estado. El Gobernador estuvo de acuerdo. Contrataron a un consultor, quien aconsejó cambios de arriba a abajo y reemplazó a casi la mitad de los oficiales. Contrataron abogados para reescribir las leyes de secuestro y comenzaron a coordinarse entre la Policía y las familias de las víctimas. Cuando el Gobernador anunció más tarde un ambicioso plan para una nueva fuerza policial, destinada a restablecer el orden, invitó nuevamente a los líderes empresariales. Los directores generales ahora supervisarían una de las funciones más importantes del Gobierno.”

4.- “Contrataron a más consultores para poner en práctica las mejores y más recientes ideas sobre vigilancia policial, alcance comunitario, cualquier cosa que pudiera detener la violencia que arrasa su ciudad. Financiaron viviendas especiales y altos salarios para los oficiales. Sus departamentos de nómina y recursos humanos atendieron a la fuerza. Sus divisiones de mercadeo llevaron a cabo una campaña de reclutamiento a nivel nacional. Cuando los funcionarios del Gobierno pidieron aprobar los anuncios antes de que se presentaran, los líderes corporativos dijeron que no. Quizás lo más importante es que sortearon la burocracia y la corrupción que habían atascado otros esfuerzos de reforma policial.”

5.- “El crimen cayó en toda la ciudad. Los líderes comunitarios en las áreas más pobres informaron sobre calles más seguras y renovaron la confianza pública en la Policía. La experiencia de Monterrey ofreció aún más evidencia de que en México, la violencia es solo un síntoma; la verdadera enfermedad está en el Gobierno. La toma de control corporativa funcionó como una especie de cuarentena. Pero, con la enfermedad sin tratamiento, la cuarentena inevitablemente se rompió. Un nuevo Gobernador, que asumió el cargo a fines de 2015, dejó pasar las reformas y nombró amigos para puestos clave. Ahora, el crimen y los informes de brutalidad policial están resurgiendo, particularmente en los suburbios de la clase trabajadora. Los líderes empresariales, cuyos barrios ricos permanecen seguros, han fracasado o se han negado a presionar al nuevo Gobernador.”

Lorenzo Zambrano, el Diablo Fernández y Alejandro Junco

El gran impulsor de la recuperación de Monterrey y el protagonista clave para la creación de la policía llamada Fuerza Civil no fue José Antonio el Diablo Fernández, fue el extinto empresario de Cemex, Lorenzo Zambrano, quien a través de reuniones y posiciones públicas en Twitter demostró su interés por salvar la ciudad y que no cayera definitivamente ante los embates del crimen organizado, la lucha de cárteles y una ciudadanía atacada por secuestros, levantones, pago de piso, pérdida de patrimonio.

A principios de 2011 declaró Lorenzo:

Lo único que puedo repetir es que no vamos a dejar que Monterrey se pierda como lo he dicho otras veces. No he sufrido ninguna amenaza, pero realmente el problema empeoró de hace un año para acá, y eso es demostrable, lo ven ustedes mismos en las estadísticas. Es una ciudad (Monterrey) más segura que otras, pero la tendencia que tenía y que tiene es una tendencia preocupante y espero que pronto se comience a revertir. Tenemos empresarios con operaciones globales, tenemos en fin, ciudadanos muy activos, es decir, Monterrey y Nuevo León tienen todo para poder erradicar este mal que aqueja al país y rápidamente.

Yo quisiera resaltar lo que la sociedad civil esté haciendo, el empresario es parte de la sociedad civil y es parte de los componentes que actúan en conjunto. Pero aquí lo importante es que los ciudadanos se involucren, que los ciudadanos exijan a sus representantes en la Cámara de Diputados y de Senadores y en los Congresos de los Estados. Creo que tenemos que empezar por hacer eso y darle a conocer a los responsables de la seguridad lo que pensamos.”

A Lorenzo le preguntó el diario El País: “¿El futuro de México depende en gran parte de lo que suceda aquí? No es lo mismo perder Ciudad Juárez que Monterrey...”. Respondió Zambrano: “De acuerdo... De acuerdo... Si perdemos Monterrey, ya lo demás está perdido”.

Sin duda el Diablo Fernández contribuyó eficazmente en la transformación de la seguridad en Nuevo León, pero también tuvo su cuota de responsabilidad en el deterioro de esta seguridad al imponerle al nuevo gobernador, Jaime Rodríguez Calderón, al primer secretario de Seguridad, Cuauhtémoc Antúnez, a quien le estalló la crisis de los penales en Nuevo León con el autogobierno (y no se sabe qué tanto se benefició el general con esta situación).

El general Antúnez permitió que se impusieran la recomendaciones del amigo del Bronco, el exfiscal encarcelado de Nayarit, Édgar Veytia, en áreas sensibles de la seguridad y la procuración de justicia, también soportó la creación de un grupo paralelo de seguridad (y señalado como enlace con organizaciones delictivas) llamado La Guber y encabezado por el jefe de escoltas del ahora gobernador con licencia, Carlos Guevara.

El trabajo de The New York Times olvida a Zambrano, no es completamente fiel en la actuación de José Antonio Fernández en el anterior y actual gobierno, tampoco investiga las causas reales del deterioro de la inseguridad en Nuevo León. Cuando Lorenzo llamó a salvar Monterrey, unos empresarios se quedaron y otros se fueron de la ciudad. ¿Dónde residía entonces el empresario dueño de Reforma-El Norte, Alejandro Junco?