La Carpeta:
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El 2015 nos ha heredado al menos tres películas de la resistencia. La resistencia al poder financiero y sus consecuencias sociales (en el capitalismo eso que llamamos “patrimonio” no existe), al poder eclesiástico (sin duda en este momento un menor puede ser abusado por un cura en alguna parte del mundo) y al poder de los hombres que nunca desean la emancipación de la mujer.
Jose Jaime Ruiz
enero 31, 2016, 2:10 pm
jjr-tubos

En un momento de la película The Big Short se escucha la canción “Rockin’ in the Free World” de Neil Young, es sólo un instante opacado por la pesada banda sonora del neurólogo Michael Burry (Christian Bale), pero ese instante ofrece el contrapunto perfecto para la resistencia al capitalismo especulativo que pinchó la burbuja económica y que hizo estallar la crisis financiera de hace casi una década.

La resistencia a Wall Street no da para rockear en un mundo “libre”, las crisis y los suicidios financieros no se comparan a los suicidios literales y sentimentales de la gente que perdió su patrimonio y sus casas por la voracidad especulativa de la obligación colateralizada por deuda. Tiburones menores –la incertidumbre es su versatilidad–, los personajes logran colarse en el incumplimiento crediticio y, a pesar de la doble moralidad, al final ganan con las pérdidas de esa estadística amorfa llamada gente.

El elenco de The Big Short no llega a ser un ensamble porque la narrativa muchas veces sometida al videoclip no logra una integración. Destacan el aspergeriano Bale, por supuesto el mejor actor de la cinta, un mejoradísimo Steve Carrell (Mark Baum), Ryan Gosling (Jared Vennett) en un papel primario y el autodistante Brad Pitt (Ben Rickert), también productor de la película.

A un periodista se le define por sus reportajes y, por tanto, al reportero lo consume la ansiedad de la publicación: desvelar sin publicar es tortura. El editor, más allá de la inmediatez, prefiere la noticia a la nota. La investigación del equipo especial “spotlight” de The Boston Globe sobre los casos de abuso sexual de miembros de la Iglesia Católica de Massachusetts es la resistencia inicial del periodismo contra cualquier ejercicio autoritario: hay que desnudar lo que el poder oculta.

Spotlight es el gran filme de 2015 porque dentro de su documentalismo no resbala en el documental, porque renueva la tradición investigativa y dramática de All the President's Men y porque su fotografía mesurada contrasta con el terrible tema de la pederastia y, por ello, el dramatismo no cae en boberías. El ensamble es sobrio, pero sin rigidez, ya se dé en la newsroom o en la investigación de campo.

El soporte actoral ilumina la narrativa. Michael Keaton (Walter “Robby” Robinson) deja atrás la intrascendente Birdman y da categoría muy creíble a su personaje; una actriz, Rachel McAdams (Sacha Pfeiffer), da cátedra de cómo se debe entrevistar y Liev Schreiber (Marty Baron) indica la mesura como virtud. La actuación de Mark Ruffalo (Michael Rezendes) es sobresaliente y es la encarnación de un verdadero reportero ­–virtudes y defectos­– y con eso se dice todo.

Tal vez si Suffragette le diera menos importancia a Maud (Carey Mulligan) la película ganaría en denuncia, pero el filme de Sarah Gavron ya no es una denuncia sino una toma de conciencia. Así, la vida en ascenso crítico de Maud es una vida en descenso de sus relaciones laborales y familiares. No puede ser de otra manera porque tomar conciencia es oponer resistencia.

La mínima actuación de Meryl Streep (Emmeline Pankhurst) proporciona un soporte creíble a la cinta, tanto por Meryl como por su personaje. La directora no deja explayarse a la siempre perturbadora Helena Bonham Carter (Edith New), pero estas deficiencias no dañan significativamente la narración porque al girar sobre el personaje de Maud lo que se pretende es la ética, no la estética.

El 2015 nos ha heredado al menos tres películas de la resistencia. La resistencia al poder financiero y sus consecuencias sociales (en el capitalismo eso que llamamos “patrimonio” no existe), al poder eclesiástico (sin duda en este momento un menor puede ser abusado por un cura en alguna parte del mundo) y al poder de los hombres que nunca desean la emancipación de la mujer.