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Pocas semanas como está para Sudamérica ha habido en los últimos años. La definitoria e histórica definición presidencial en Brasil, puede convertirse en una bisagra para toda la región.
Staff
octubre 20, 2014, 11:02 am

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José Vales, corresponsal

BUENOS AIRES, Argentina, octubre 20.- Pocas semanas como está para Sudamérica ha habido en los últimos años. La definitoria e histórica definición presidencial en Brasil, puede convertirse en una bisagra para toda la región.

Un posible triunfo del socialdemócrata Aecio Neves, tendría efectos inmediatos en el proceso electoral uruguayo y en el marco de alianza en los países vecinos.

Las encuestas mantienen firme esa posibilidad al cantar un virtual empate técnico, entre Neves y la presidenta, Dilma Rousseff, a quien cada vez le cuesta más diferenciar su imagen personal de la de su gobierno.

Un gobierno que no supo o no pudo resolver el estancamiento económico y que ahora depende de esa nueva clase media que supo construir a lo largo de 12 años, de mejora del ingreso y de planes de inclusión social.

Toda la región mirará a Brasil de aquí al domingo y no es para menos. Uruguay, está llamado a definir a su futuro presidente en la segunda vuelta en noviembre.

Un triunfo de Aecio sería celebrado casi como "un maracanazo" por Luis Lacalle, quien aprovecharía esos vientos de cambio para robarle ventaja al ex presidente.

Tabaré Vázquez, a quien el exceso de confianza, por llamarlo de algún modo, le está jugando una mala pasada. Se durmió en la campaña y no tomó en cuenta que su figura ya huele como alguna vez lo hizo la de Julio María Sanguinetti, a pasado.

El Frente Amplio, en tanto responsable del cambio en ese país que supo crecer económicamente en estos años resolviendo cuestiones sociales inmediatas, debió haber impulsado la candidatura de algunos de sus cuadros más jóvenes.

En cambio de aferró a las encuestas cuan partido tradicional, categoría en la que ya entró a jugar hace varios años el PT. En Argentina y en Venezuela, los respectivos gobiernos le encienden una vela al triunfo de Dilma. Aliado de fierro y hacedor de negocios para las empresas brasileñas en ambos países.

En Chile, como en México, Perú o Colombia, se espera que una victoria de la oposición, le de un nuevo impulso a la Alianza del Pacífico, algo que con Dilma nunca pasó del plano de los discursos.

El final para el domingo parece ser de infarto y aunque todos estén expectantes, los que tienen el poder definitorio es la clase media. Esa que formó e PT y los gobiernos de Lula y de Dilma pero que ahora tiene otras necesidades. Una nueva institucionalidad, mejor calidad de vida, mejor educación y mejor saludo.

Quiere un país menos corrupto y que el Brasil se parezca más a un líder regional y a una potencia que al paraíso de la desigualdad social y del "todo vale". Nada menos ni nada.

Todo eso no lo garantiza Neves ni la oposición. Pero, como en toda democracia, el cambio funciona como disparador. Por eso, aún retenga el poder o en el llano, el PT está llamado a una profunda transformación hacia su interior para poder volver a seducir como cuando era la esperanza de un país mejor.

Hoy tiene toda una obra para mostrar pero también un rosario de escándalos y una galería de impresentables, algunos de los cuales purgan condena. Todo esto sopesará ese nuevo actor político brasileño escudado bajo el nombre de la nueva clase media.

// El Universal

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