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Donald Trump, el villano favorito de todos los mexicanos —y no solamente de ellos—, acusó anteayer, en un mitin en Misisipi, a Hillary Clinton y al presidente Obama de haber creado al ente terrorista llamado Estado Islámico. Así, sin más ni más. Me duele mucho escribirlo, tiene razón.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 5, 2016, 8:43 am

felix-nuevo

Mira este mundo, podrido en dolor.

Demuestran su orgullo, milicos en acción, matando civiles, atacando sin razón…

                Kuñifal, Dolor del Medio Oriente

Una de las cosas más incómodas que les puede pasar a quienes dedicamos parte de nuestro tiempo a contar y cantar en opiniones los sucesos de nuestra vida, es tener que coincidir, aunque sea marginal u oblicuamente, con los personajes más despreciables del planeta.

Donald Trump, el villano favorito de todos los mexicanos —y no solamente de ellos—, acusó anteayer, en un mitin en Misisipi, a Hillary Clinton y al presidente Obama de haber creado al ente terrorista llamado Estado Islámico. Así, sin más ni más. Me duele mucho escribirlo, tiene razón. Mas, como dicen los brasileños, no toda.

La única verdad indiscutible en ese margallate secular que se llama Oriente Medio, es que la mayor parte de los conflictos y diferendos sangrientos de la zona han sido generados, propiciados y explotados por la torpeza de los gobernantes de Occidente. Desde la arbitraria partición territorial, después de la Segunda Guerra Mundial, hasta los más recientes bombardeos, confusiones y conflictos en la zona, pasando por el apoyo a Reza Pahlavi, la invasión de Irak o los equivocados bombardeos en Siria, Occidente ha tenido siempre las manos dentro.

Las respuestas bárbaras de grupos radicales se han sustentado en el rencor que las potencias occidentales han generado en su contra. De esa forma, Al-Qaeda y el califato sirio-iraquí han adquirido proporciones mundiales y han podido reclutar militantes radicalizados, incluso entre ciudadanos de Occidente, notoriamente de Estados Unidos, Inglaterra y el resto de Europa.

Arabia Saudita acaba de echarle gasolina a esta incesante hoguera. Entre las tres docenas de chiítas mandados ejecutar por el gobierno de Riad, estaba Nimr al-Nimr, líder religioso prominente ubicado en la oposición al régimen. Eso ha provocado manifestaciones en contra de la embajada de Saudí Arabia en Teherán y la inmediata ruptura de relaciones de Riad con Irán. Esto es sólo preámbulo de una tensión que puede llevar a otro conflicto armado en la región.

Con dos agravantes: el derribo de un avión ruso por parte de Turquía y el simple hecho de que Arabia Saudita es uno de los mayores productores de petróleo en el mundo y pieza importante en el juego de las armas y las divisas que tanto interesan a Washington y Moscú. El agresivo mensaje de Saudiarabia parece más bien enviado a Estados Unidos y a Rusia, más que a Irán. Ni Turquía ni el gobierno de Riad ven con buenos ojos los acercamientos de Washington y Moscú con el régimen de Irán, otro gobierno religioso, aunque de belicosidad reducida si recordamos al Ayatolá Jomeini.

Al final del día, se quiera o no, hay que reconocer que en el recrudecimiento del sentir antiestadunidense en los países árabes, la culpa es de los norteamericanos y sus erradas decisiones, en los gobiernos de los Bush, Clinton u Obama. Para el caso, el sentimiento antinorteamericano, en cualquier lugar del mundo, obedece precisamente a políticas equívocas, intervencionistas, ambiciosas y pragmáticas de sus gobernantes.

Lo peor de todo esto es que Donald Trump va a ganar la postulación del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos y que su ideología retrógrada, impulsada por una estrategia mediática hecha a la medida para la mentalidad cerrada del estadunidense medio, tiene efecto. Si Hillary Clinton gana las elecciones con el Partido Demócrata, no va a barrer fácilmente.

PILÓN.- Se cumplieron diez años de la muerte de Agustín Granados, excelente reportero y mejor amigo querido. Realmente el tiempo no pasa; se queda.