La Carpeta:
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Hay quienes merecen abundancia. Otras, merecen el descuento de 15% en el kilo de tomate del supermercado. Si no ellas, al menos sus estrategas electorales, por ser tan ingeniosos e innovadores en sus ideas de marketing político.
Eloy Garza
enero 2, 2018, 7:22 am

No sé por qué siempre que leo una nota sobre la esposa de Meade (que es casi diario), se me viene a la memoria aquella cancioncita popular: “Mañana por la mañana te espero Juana a tomar el té / Te juro Juana que tengo de verte la punta el pie. / La punta, el pie, la rodilla, la pantorrilla y el peroné”.
Puede uno imaginarse a todas las aspirantes a primeras damas presidenciales dándose de topes por las paredes: “¡Carajo! ¿Por qué no se nos ocurrió antes surtir la despensa nosotras mismas? Nos ganó la partida Juana. Ni hablar. Ahora millones de electores votarán por el PRI gracias a este gesto providencial de la esposa de Meade”. Temblad, encuestas, temblad.
Uno mismo, mientras mete al carrito detergente, tomates, huevos, tortillas, leche, chongos zamoranos (uno también se da sus lujos), recuerda The New York Times y su reportaje: "Usando billones en dinero gubernamental, México controla a los medios”. Y se responde que eso es puro cuento. Los medios mexicanos son la encarnación de la libertad de expresión, tan límpida y tan plena, tan honesta e incorruptible. Mientras tanto, uno corre por la última bolsa de croquetas, no vaya a ser que doña Juana también tenga mascota y nos agandalle la comida del Mito.
Algo tiene de surrealismo que los medios se refieran en sus notas y artículos de prensa a la esposa de Meade como el “Milagro Juana”. Y uno creía que el único milagro en México era la Morena del Tepeyac, o de plano sobrevivir al salario mínimo.
Pero no es culpa de la señora Juana quien por cierto suele caer bien; más después de zamparnos por seis años a una gaviota que volaba alto por los cielos de Los Ángeles con el último grito de la moda kitsch.
Y muere uno de ansias locas por ver a doña Juana mañana o pasado surtiendo gasolina a su carro, en cualquier gasolinera de Ciudad de México. Que sufra en carne propia (uy sí) el gasolinazo que nos dieron y el otro que recién se estrena en 2018. ¿Pagará en efectivo, tarjeta de crédito, o con el dinero de sus 50 guaruras que la siguen para todos lados?
Hay quienes merecen abundancia. Otras, merecen el descuento de 15% en el kilo de tomate del supermercado. Si no ellas, al menos sus estrategas electorales, por ser tan ingeniosos e innovadores en sus ideas de marketing político.