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El Bronco quiso salvar a Rogelio Benavides Pintos y ya resultó damnificado política, mediática, social y electoralmente. Elizondo avaló con su silencio el "cobijagate" y ya resultó damnificado en su reputación, en su moral y en su relación con Alejandro Junco. Canales solapó la corrupción y propició la impunidad y ya resultó damnificado con los empresarios abajo-firmantes...
Jose Jaime Ruiz
septiembre 29, 2016, 9:31 am

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El gobernador Jaime Rodríguez Calderón quiso salvar a su amigo tequilero Rogelio Benavides Pintos y ya resultó damnificado política, mediática, social y electoralmente. Fernando Elizondo Barragán avaló con su silencio el cobijagate y ya resultó damnificado en su reputación, en su moral y en su relación con Alejandro Junco. Ernesto Canales Santos solapó la corrupción y propició la impunidad y ya resultó damnificado con los empresarios abajo-firmantes que lo propusieron al Bronco y que, en el caso de Paula Cusi, desplegaron una campaña de prestigio a su alrededor.

Dados los desastrosos resultados para estos personajes, ¿valía tanto meter las manos al fuego por Rogelio Benavides Pintos? Ni lo valía ni lo vale.

Tanto así que el dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya, no sólo vino a burlarse del Bronco, Fernando y Ernesto en su cara (“Nos parece de risa esta sanción que le impusieron al responsable de este fraude de las cobijas, en este asunto conocido como el cobijagate. Es clarísimo que en materia de combate a la corrupción no sólo no han cumplido, sino que están protegiendo a quienes han protagonizado los actos de corrupción”) sino hasta vetó a Benavides Pintos para cualquier cargo en el gobierno de Tamaulipas para que no sea contratado en la nueva administración (“Me he comprometido a alertar a nuestro gobernador de Tamaulipas, que seguramente no está enterado de estas circunstancias, y nos vamos a encargar que el gobernador electo sepa de lo que ha sido capaz este personaje aquí en Nuevo León”).

Dados los desastrosos resultados para estos personajes, ¿valía tanto meter las manos al fuego por Rogelio Benavides Pintos? Ni lo valía ni lo vale.

El Bronco perdió la importante plataforma mediática que significaba El Norte. Ya ni siquiera los “amigos” del periódico, “Don” Fernando y “Don” Ernesto, influyen en la agenda del medio de comunicación. El error inicial de Rodrigo Medina de la Cruz fue romper con los Junco y se ufanaba de no leer El Norte. El exgobernador se recostó sobre las televisoras y pagó miles de millones de pesos para que le festejaran su mediocridad como magnificencia. El resultado está a la vista, ahora es un apestado.

El Bronco comete el gravísimo error de desentenderse de la civilización del espectáculo: lo que no pasa por los medios no existe o existe desde su negatividad. El Bronco se ejercita en su exclusión, no en su inclusión. El Norte le daba oxígeno al Bronco, ahora el gobierno actual tendrá que respirar dentro de la polución política. El Bronco continúa el error de Rodrigo, salvo que en su caso no tiene de su lado las televisoras. Al gobernar bajo los esquemas de la corrupción, la impunidad, la opacidad y sin rendir cuentas, el Bronco se está quedando solo mediática y socialmente. Y las redes, a estas alturas del desgaste, de poco le sirven.

Fernando Elizondo y Ernesto Canales terminaron abruptamente su amasiato con El Norte: críticos morales de antes ahora sólo son comparsas en la fiesta de los bandidos. Vistos durante mucho tiempo como amigos y filtradores de El Norte, las televisoras los desdeñan y, cada vez que cometen errores, los acusan. La representatividad ética y eficiente de Fernando y Ernesto cayó estrepitosamente: nadie les cree, ni siquiera quienes los apoyaban incondicionalmente. Han logrado lo insólito, es decir, sacar de la agenda setting a Rodrigo Medina y Margarita Arellanes e introducir como eje central mediático el cobijagate.

Dados los desastrosos resultados para estos personajes, ¿valía tanto meter las manos al fuego por Rogelio Benavides Pintos? Ni lo valía ni lo vale.