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Si el Bronco cede y no cumple ni sus promesas de campaña ni las expectativas ciudadanas, los panistas se las arrebatarán y encabezarán las demandas broncas. Esa es la estrategia panista y en eso están trabajando Mauro Guerra y Arturo Salinas, los dos nuevos líderes visibles del PAN.
Jose Jaime Ruiz
agosto 24, 2015, 6:49 am

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Movimiento Ciudadano por las negociaciones –provocadas por Fernando Elizondo Barragán– entre Dante Delgado y Jaime Rodríguez Calderón, será el brazo operativo del nuevo gobierno en la legislatura que entra este próximo septiembre pero, ¿quiénes serán realmente los opositores? ¿El PRI? ¿El PAN?

Tanto panistas como priistas deben de intentar recuperar la credibilidad perdida el 7 de junio porque, si no se imponen esa tarea, no habrá futuro electoral para ellos en el 2018. Y el cometido se hará desde las posiciones más cercanas a los ciudadanos, es decir, desde las alcaldías, pero la política pasará por el partido y, sobre todo, por el Congreso local.

Dentro del PAN, la llegada de Mauro Guerra a la dirigencia es sólo el reconocimiento al operador político. Raúl Gracia, sometido a sus trabajos de senador y a sus pretensiones judiciales, dejó la operatividad del partido a Guerra desde hace tiempo. Guerra, como operador político, es el sustituto ideal que necesitaba Gracia para dedicarse de lleno a buscar una posición como magistrado en el Poder Judicial federal, si existiese esa posibilidad, o hacerse de poder, de nuevo, en el tribunal local.

Raúl Gracia ya hizo lo que pudo o quiso hacer en el PAN, su tiempo ya pasó. En realidad el tiempo de esa neocúpula que los priistas quieren prolongar a base de desplegados, ya acabó. Fernando Larrazabal está más cerca de Adrián de la Garza que de los panistas; Zeferino Salgado, tarde que temprano, será desplazado del liderazgo en San Nicolás por Víctor Fuentes; Raúl Gracia ya no da para más: su futuro es judicial, no partidista.

Otros grupos emergentes tendrán más capacidad de maniobra en el PAN, y estarán representados en las figuras de, por ejemplo, Arturo Salinas y Víctor Pérez. Por otro lado, la Vieja Cúpula no tiene capacidad de crear un nuevo partido político: la Vieja Cúpula ya está jubilada y algunos de sus miembros que se volvieron a cobijar con ella (Fanny Arellanes, por ejemplo) lo que ahora desean es insertarse en el nuevo gobierno independiente. Algunos tendrán cabida vía las relaciones de Fernando Canales Clariond y Fernando Canales Stelzer, otros tratarán de abrir puertas vía Fernando Elizondo Barragán.

Lo cierto es que ni los priistas ni Movimiento Ciudadano cuentan con una agenda legislativa en este momento. El PAN, por el contrario, ya está preparado para septiembre y su misión, si decide aceptarla, es des-abanderar las causas independientes y abanderarlas ellos: no a la tenencia, transporte público gratis para estudiantes; pero también cárcel para los Medina, no a Monterrey VI, pagar sólo el 70% a los proveedores del gobierno actual (el 30 por ciento de los moches que se los pidan a quienes se los quitaron), castigar la corrupción y acabar con la impunidad.

Si el Bronco cede y no cumple ni sus promesas de campaña ni las expectativas ciudadanas, los panistas se las arrebatarán y encabezarán las demandas broncas. Esa es la estrategia panista y en eso están trabajando Mauro Guerra y Arturo Salinas, los dos nuevos líderes visibles del PAN.

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