La Carpeta:
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A Aaron Swartz nadie le dio apoyo en su evidente enfermedad nerviosa. Fue un joven heroico, maltratado por el tipo de sociedad que tenemos, por las leyes injustas que nos rigen, por las poderosas industrias mercantilistas que gobiernan el mundo y por la extralimitación autoritaria del poder judicial y de los gobiernos cómplices.
Eloy Garza
enero 28, 2016, 6:26 am

eloy-nuevo

Hace dos años se suicidio Aaron Swartz, uno de los más grandes programadores del mundo. Tenía 26 años y se mató de la peor manera posible en su departamento de Brooklyn, pocos años después de inventar junto con otros hackers el RSS, uno de los mayores inventos de Internet.

Swartz fue un adolescente desmelenado e introvertido, que como todo joven en su sano juicio, libra una pelea a muerte en contra del mundo. A los veinte años fue el autor del Reddit (una red social muy exitosa en EUA para agregar RSS), que sirve para que los usuarios votaran enlaces de noticias destacadas.

En lo personal, Swartz padecía de una enfermedad mental: era bipolar disfórico y se volvió un demonio para la prensa y el gobierno de Estados Unidos. No exagero: una noche tuvo la osada ocurrencia de hackear la base de datos del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT) y en menos de siete horas su computadora personal descargó en automático todos los trabajos de investigación de esa prestigiada institución educativa.

¿Por qué lo hizo Aaron Swartz? Como prueba de que en una sociedad abierta los avances científicos tienen que ser divulgados y no quedarse bajo la sombra de los intereses creados y del oprobioso copyright. Además, era el siguiente paso de su denuncia sobre la intención gubernamental de cobrar los accesos a todas las páginas web, monetarizar los links y desmantelar por completo el Internet libre y neutral del que gozamos ahora.

De nada le sirvió devolver posteriormente la información sustraída: el gobierno de Barack Obama lo acusó de un delito donde no existe ninguna víctima; lo quiso sentenciar a 35 años de cárcel y a pagar una multa de un millón de dólares, castigo peor al que se merece cualquier narcotraficante. Su cadáver fue hallado colgado de una soga en el baño de su departamento. Tenía varias horas de muerto. No dejó escrito ningún papel de despedida.

A Aaron Swartz nadie le dio apoyo en su evidente enfermedad nerviosa. Fue un joven heroico, maltratado por el tipo de sociedad que tenemos, por las leyes injustas que nos rigen, por las poderosas industrias mercantilistas que gobiernan el mundo y por la extralimitación autoritaria del poder judicial y de los gobiernos cómplices.