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Kirk Douglas es un fenómeno de la naturaleza que cumple 101 años de vida. En sus hombros descansa la gloria del mejor Cine, así, con mayúsculas y el refugio de las mejores causas políticas.
Eloy Garza
enero 9, 2018, 1:58 am

Kirk Douglas es un fenómeno de la naturaleza que cumple 101 años de vida. En sus hombros descansa la gloria del mejor Cine, así, con mayúsculas y el refugio de las mejores causas políticas.
Douglas es el esclavo que al grito de Espartaco, se liberó de Roma y trató de huir al mar, perpetuando una de las formas más dignas de ser rebelde.
Es el militar que simboliza la sinrazón de la guerra en Senderos de Gloria, una de las mejores películas de ese monstruo creativo que respondía al nombre de Stanley Kubrick.
Pero sobre todo, Kirk Douglas es Vincent van Gogh, en El hombre del pelo rojo, obsesionado con el arte y sus tormentos: “quien nace con un don, también nace con un látigo para flagelarse”.
Sin embargo, para muchos cinéfilos, le película más atrayente de Douglas es también la que más le gusta al actor: Los valientes andan solos. Un personaje crepuscular, cuyo anarquismo campirano se estrella contra los nuevos valores insolidarios del Estado: de nuevo Espartaco, ahora con sombrero vaquero.
Ese perfil anguloso, duro, rematado con una barba partida que divide el rostro de Douglas entre el bien y el mal, definió el celuloide, y marcó no un antes y un después en la historia del cine, sino el principio y lo eterno.
Y la eternidad aún vive, confinado a una silla de ruedas, pero afortunadamente todavía entre nosotros.
A Douglas lo acaban de homenajear en los Globos de Oro, y a muchos nos hizo soltar una lágrima de respeto y admiración; de reverencia al incomparable actor.
Tal parece que no quiere morirse, y tiene todo el derecho de hacerlo hasta el día que se le pegue la gana: es la obstinación de los verdaderos genios.
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