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Recelo, rencor, malestar… ebullición social en las calles. Tras asumir este jueves como presidente de Guatemala, Jimmy Morales Cabrera —el cómico al que los guatemaltecos identifican sólo como Jimmy— sabe que en las calles le esperan para que rinda cuentas y que allí, de donde salieron los votos que le llevaron a la presidencia, millones de indignados le vigilan.
Staff
enero 15, 2016, 7:51 am

Jimmy Morales

Recelo, rencor, malestar… ebullición social en las calles. Tras asumir este jueves como presidente de Guatemala, Jimmy Morales Cabrera —el cómico al que los guatemaltecos identifican sólo como Jimmy— sabe que en las calles le esperan para que rinda cuentas y que allí, de donde salieron los votos que le llevaron a la presidencia, millones de indignados le vigilan.

“Desde el primer día lo monitoreamos. No esperaremos al último año”, alertó Gustavo Wyld, de 43 años y fundador de Denuncia Guatemala, organización que integra el movimiento de indignados que, de abril a agosto de 2015, realizó masivas y pacíficas marchas callejeras sabatinas vespertinas y que derivaron en la renuncia, en septiembre, de Otto Pérez Molina a la presidencia. Hoy está preso por un fraude en aduanas.

Al recordar que Pérez cayó al final de su cuatrienio, anunció que, sin demora, la primera manifestación será el sábado por la tarde. “La meta es hacerle saber al presidente que desde el día uno fiscalizamos lo que haga, aunque hay que darle tiempo. Las marchas del 2015 fueron un entrenamiento: perdimos el miedo a denunciar y así será desde el día uno”, dijo a EL UNIVERSAL.

Momentos antes de asumir, Morales comentó que aprovechará la “gran popularidad” de que todavía goza para disfrutar una “luna de miel” o tregua. Pero tras un día de alabanzas, besos, abrazos, apretones de mano, palmadas en la espalda y aplausos, la realidad exhibe una inflamada llaga social, política y económica. Por eso, la próxima víctima de los indignados puede ser… el cómico de televisión y cine de Guatemala que se hizo famoso desde 1993 y que asumió como décimo gobernante en los 30 años de democracia en este país.

“¡Esperamos un milagro y que todo cambie!”, clamó Mónica Hernández Telón, una capitalina de 30 años, desempleada, casada, con dos hijos.

Consciente de la miseria masiva y corrupción en el país, Vilma González Soto, de 39, casada, dos hijos y secretaria, admitió: “No podemos pedir milagros”.

// El Universal