La Carpeta:
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No sé si Narro y Osorio comieron pozole para decirle a Meade que no va solo, que todavía no acaba la carrera, que sigue habiendo cuatro competidores, que todo puede pasar todavía.
Federico Arreola
octubre 13, 2017, 10:50 pm

Reflexión sobre fotos que esta madrugada circularon en redes sociales...

“De chile, mole y pozole”. En la página de internet de Animalgourmet.com presentan tal expresión como un refrán mexicano. Pero, ahí mismo, un lector, Roberto Landero, aclara a los editores de la publicación que “eso del mole y pozole no es refrán". Para qué aprendan, pues.

Las polémicas que se hacen en el internet son de lo más interesantes, ni duda cabe.

En Monterrey no somos muy dados al pozole, así que no soy experto en la materia. Entonces, para hablar de este guisado tengo que recurrir a Wikipedia:

“El pozole (del náhuatl pozolli, de tlapozonalli, ‘hervido’ o ‘espumoso’,  o del cahíta posoli, ‘cocer maíz’) es un plato de México y Centroamérica, es una especie de caldo hecho a base de granos de maíz de un tipo conocido comúnmente como cacahuazintle, a la que se agrega, según la región, carne de pollo o de cerdo como ingrediente secundario. De esta preparación básica existen variaciones por todo el territorio mexicano. Por ejemplo, el pozole blanco de Guerrero y el rojo de Sonora, Sinaloa, Nayarit, Guanajuato y Jalisco. A este platillo se le puede acompañar con tostadas de crema, pata y otras especialidades de la cocina mexicana”.

No sé qué tipo de pozole comieron ayer el secretario de Salud, José Narro Robles, y el de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. ¿Con pollo o cerdo? ¿Blanco o rojo? ¿Lo acompañaron con tostadas de pata? ¿Bebieron vino, cerveza, Coca Cola, agua con gas, sin gas?

Tampoco sé si se juntaron a consumir pozole como una respuesta a lo que dijo ayer José Antonio Meade, secretario de Hacienda, y que lo convirtió en el súper gran favorito en la sucesión presidencial priista: que él en 2012, a pesar de trabajar en un gobierno panista, el de Felipe Calderón, votó por el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto.

No sé si Narro y Osorio comieron pozole para decirle a Meade que no va solo, que todavía no acaba la carrera, que sigue habiendo cuatro competidores, que todo puede pasar todavía.

No estoy en condiciones de asegurar nada de eso, pero me imagino que sí, que en efecto se fueron al pozole Narro y Osorio como una manera de expresar que no hay nada decidido y que ellos continúan en la jugada.

Lo que sí sé es que si la iniciativa de ir al pozole la tomó Osorio Chong, un priista tan vivo como él, antes de invitar a Narro Robles a hacer un show político, tuvo que haber pedido permiso del presidente Peña.

También sé que un priista tan disciplinado como Narro no iba a exhibirse comiendo pozole blanco o rojo con el polémico Osorio Chong sin antes solicitar la autorización del presidente EPN.

En política no hay casualidades. Si Narro y Osorio Chong recibieron precisamente ayer –el día en que Meade pareció destaparse en el Senado– el visto bueno de Peña Nieto para comer pozole juntos como amigos que no son, eso solo puede significar que el presidente de la República quiere poner un poco de orden.

“To Meade or not to Meade. Esa es la cuestión…”, dice Pancho Garfias en su columna de Excélsior. El pozole de Narro Robles y Osorio Chong significa que no hay nada decidido.

Otro columnista de Excélsior, Jorge Fernández Menéndez, ha escrito que “parece Meade” el candidato, “pero todavía son cuatro”.

Dos de ellos han decidido ¿pactar contra el secretario de Hacienda? en una pozolería. Falta ver la reacción del cuarto, Aurelio Nuño, titular de Educación.

¿Veremos a Nuño comiendo pozole con el mismísimo Peña Nieto, que tiene en su corazón al operador de la reforma educativa? ¿Ellos almorzarán tacos, cabrito, machacado con huevo, carne asada, tortas?

Narro, por cierto, ya había comido pozole político: con el magnate Carlos Slim, acompañados por el periodista Carlos Marín, que quién sabe qué hacía con ellos.

En las fotos de ayer, que circulan en redes, entre Osorio Chong y Narro Robles no se ve a Marín. Igual sí estaba, pero lo escondieron. Hicieron bien.

El director editorial de Milenio cuenta buenos chistes y, por lo tanto, resulta entretenido tenerlo en la mesa.

Pero no conviene, estando tan cerca la decisión de Peña Nieto acerca del candidato, que se les vea con ese reportero, cuya imagen no está como para presumirla.

Por cierto, hoy Marín en su columna de Milenio le da un ultimátum al rival principal de Osorio y Narro, el señor Meade: o hace el secretario de Hacienda lo que el columnista quiere o se chinga.

Veamos lo que dijo Carlos Marín:

1.- Lo que expresó Meade en el Senado de que en 2012 votó por EPN “provocó un largo y estruendoso aplauso de la bancada priista”.

2.- “Sin embargo, pese a las palmas, los astros no se le seguirán alineando a Meade para guiarlo hacia Los Pinos” si no asume un “claro y cálido compromiso con la población tan común y corriente como la damnificada”.

3.- Meade debe animarse, con Agustín Carstens, “a utilizar una parte ínfima de las reservas internacionales” para apoyar damnificados.

4.- Si el secretario de Hacienda no lo hace, ya, hoy mismo, “poco ganará Meade en las urnas aferrándose a una rígida política hacendaria mientras, durante meses o años, cientos de miles de damnificados continúen viviendo a la intemperie”.

En fin… Meade está de moda, pero los otros siguen pedaleando y viene la subida más dura de la carrera.

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