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El Bronco y Fernando han destruido las expectativas ciudadanas. Su legado gubernamental, en este primer año, no es de civilización sino de barbarie política, de corrupción, de impunidad, de opacidad y falta de rendición de cuentas. Un gobierno de ciudadanos… sin ciudadanos.
Jose Jaime Ruiz
septiembre 28, 2016, 10:00 am
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El gobierno de Jaime Rodríguez Calderón se quiso independiente y no lo logró, se pretendió ciudadano y a un año demostró que de ciudadano no tiene nada. La renuncia de los consejeros de la Contraloría del estado desnudó la supuesta “ciudadanización” gubernamental y acabó, en los hechos, con el discurso “ciudadanizante”. El gobierno del Bronco renunció a la ciudadanía y quienes han luchado durante décadas por la democratización, la inclusión y la participación ciudadana están fuera: Miguel Treviño, Rogelio Sada, Malaquías Aguirre.

Fernando Elizondo Barragán, ese débil remero, ha sido una parte fundamental del fracaso porque nunca pudo estructurar la ciudadanización de un gobierno híbrido. El fiasco es enorme y, como el que calla otorga, sólo lo reconoce en sordina. De Elizondo fue la idea de la participación ciudadana y de la inclusión.

Ahora vemos que el experimento fracasó: nadie va a aprobar la corrupción y la impunidad de este gobierno porque, precisamente, se eligió a este gobierno para que combatiera la impunidad y la corrupción de Rodrigo Medina de la Cruz. Quiéralo o no, el cobijagate ya marcó al Bronco quien al ningunear la nota aseguró que la desconfianza sólo era de El Norte.

Se equivocó rotundamente, la desconfianza está ahí, a la vista, y todos los medios de Nuevo León siguieron el llamado cobijagate. El mayor legado negativo de Nixon es que a cualquier fechoría política, a cualquier acto de corrupción pública en el mundo, lo califiquen como “gate”. Y los mayores actos recientes de corrupción política en Nuevo León han sido el quesogate y el cobijagate. El primero acabó con la carrera de Fernando Larrazabal; el Bronco no se ha dado cuenta, pero el segundo está enterrando sus pretensiones presidenciales.

La renuncia del consejo de la Contraloría es el fracaso de la participación. Aquella Vía Ciudadana que se pretendía como aglutinante no sólo se fracturó sino que demostró que el poder copta y, por tanto, no hay empoderamiento ciudadano. Por un lado, los silenciosos arribistas a la fiesta de bandidos: Fernando Elizondo, Ernesto Canales, Lorenia Canavati, en su momento Miguel Treviño. Por el otro lado, quienes siguen siendo coherentes en la ciudadanía y en la crítica: Rogelio Sada, Malaquías Aguirre, Liliana Flores Benavides, Daniel Boutrille, Tatiana Clouthier.

El Bronco y Fernando han destruido las expectativas ciudadanas. Su legado gubernamental, en este primer año, no es de civilización sino de barbarie política, de corrupción, de impunidad, de opacidad y falta de rendición de cuentas. Un gobierno de ciudadanos… sin ciudadanos.

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