La Carpeta:
1 de 10
 
Casi todo lo que los mexicanos necesitan y consumen se transporta en camiones viejos y mal equipados por las carreteras estrechas, deficientes y sobrecargadas de un sistema carretero nacional inferior al del estado de California.
FELIX CORTES CAMARILLO
septiembre 29, 2016, 7:25 am

felix-nuevo

Tuvieron que morir tres jóvenes apachurrados por un tráiler de doble caja en el desmadre que es la reconstrucción de la carretera que llaman Ruta del Sol a la altura de la entrada a Cuernavaca para que los mexicanos entendieran que por las estrechas y malas carreteras del país, transita una legión de vehículos que carga decenas de kilogramos de productos que son una amenaza a la vida, además de choferes inexpertos y cansados —a menudo drogados para completar sus turnos kilométricos—.

De pronto, todo mundo se comenzó a dar cuenta de que los transportes de doble remolque son una amenaza mortal. Los que, eventualmente, cruzamos el país por carretera, sabemos que hay de cuando en vez un anuncio que advierte sobre la cercanía de básculas y centros de inspección que nunca existieron. Se supone que en esos puntos de inspección, los transportes de carga eran inspeccionados y pesada su tara y su carga para calificar si podían seguir usando nuestras carreteras.

Se trata de uno de los más crueles chistes del humor involuntario del gobierno mexicano. El secretario de Comunicaciones y Transportes de este país se envolvió en la bandera de las incongruencias para explicar que la norma tal y cual se estaba revisando y que en media docena de meses su dependencia decidiría si los tráileres dobles podían seguir matando gente. Cientos de miles de mexicanos se unieron a la firma tumultuaria de una petición para que esos vehículos, ganadores del Salario del miedo de Yves Montand fuesen expulsados del paraíso de las carreteras de México.

Es previsible que el poder del capital de los productos que se mueven por carretera en vehículos de doble cajón se imponga por encima del bien común. Después de todo el costo de transportar una cerveza, una soda o unas papitas, es lo importante. Olvidando la esencia del problema.

La destrucción de los ferrocarriles nacionales de México y su posterior entrega —no desinteresada— al capital estadunidense por parte de Ernesto Zedillo Ponce de León vino a remarcar el error de copiar de mala manera al sistema de transporte de Estados Unidos. En lugar de usar los ferrocarriles para transportar manufacturas, alimentos y personas, Zedillo decidió —con sus jefes— que había de llevar minerales y materias primas.

Casi todo lo que los mexicanos necesitan y consumen se transporta en camiones viejos y mal equipados por las carreteras estrechas, deficientes y sobrecargadas de un sistema carretero nacional inferior al del estado de California.

Si se logra sacar a los camiones de doble remolque de las carreteras nacionales —cosa que no permitirán las cerveceras, botaneras, refresqueras y panaderas del país— no va a bajar el número de muertos en los accidentes carreteros. Si no se hace una reconsideración total del sistema de transporte, abasto y comunicación de este país, todo será vil faramalla.

PILÓN.- El otro día circuló en esa estupidez que se empeñan en llamar redes sociales una infamia soez. Paréntesis para aclarar que un medio, para que se pueda llamar social, no deriva su calidad del acceso que muchos pueden tener a él como consumidores o generdores de información. Un medio de comunicación social tiene un compromiso con la comunidad en la que funciona y a la que, supuestamente, sirve con un apego a estrictos criterios  de honestidad, digna conducta y, sobre todo, vergüenza.

Pero hablaba yo de una infamia soez. Pusieron ahí las fotos de un hombre de edad incierta, saliendo de un hotel y, tres pasos atrás, un adolescente siguiéndole. El registro de las cámaras indicaba que correspondían al 19 de septiembre. Rápidamente, se asumió que el hombre en cuestión era José Alfredo López Guillén, párroco en Janamuato, municipio de Puruándiro, en Michoacán, que había desaparecido de su parroquia, al igual que su automóvil, el 20 de septiembre por la noche. Cuando se difundió la canallada, el padre José Alfredo ya estaba frío de muerto a balazos sobre una brecha carretera. La esposa del hombre que aparecía en las fotos del hotel identificó a su marido y al hijo de ambos como los que aparecían ahí. Va a emprender proceso jurídico.

Quién y por qué mató al padre de Puruándiro es una cosa. Quién y por qué quiso hacerlo pasar por pederasta es otra. La muerte, días antes, de dos sacerdotes veracruzanos que supuestamente se pusieron hasta el queque con sus asesinos, mandó sombras sobre la clerecía mexicana, que el mismo Papa tuvo que discretamente descalificar.

El asunto de importancia es que, como le digo a mi hija menor, no todo lo que está en las redes es cierto. Antes al contrario, diría mi abuela.