La Carpeta:
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El presidente Peña Nieto, protector de los Medina dada la red de complicidades que lo atan a su suerte, tiende un cerco que somete cada día más al Bronco: la adhesión del gobierno estatal al proyecto del mando único, la aceptación de Monterrey VI, aunque sea revolcado con otro nombre, acerca peligrosamente a Jaime al aura enfermiza de Los Pinos.
Eloy Garza
enero 29, 2016, 5:04 am

eloy-nuevo

El secreto de la política consiste en saber administrar la expectativa de la gente. Según los asesores de Jaime Rodríguez, la aprehensión de Rodrigo Medina, el exgobernador, o su padre, exige su momentum: ni antes ni después. Témplate y no te apresures, aconseja la sabiduría popular, porque muchos fallan el tiro por la presurosa codicia de dar en el blanco.

Y el momentum es la cercanía del 2018. La ofrenda al pueblo de dar con los Medina en la cárcel empuja a estirar la decisión poco más de un año, en una cuenta regresiva de cara a la carrera presidencial. Ese es el verdadero target, quizá el principal, de Jaime Rodríguez, dicen sus asesores. Por eso, según ellos, no los ciega la esperanza del instantáneo deleite. Mejor esperar, con la sangre fría de las serpientes.

Sin embargo, la lectura de los factores en juego ofrecen una perspectiva que reducen los supuestos aciertos del plan presidencial del Bronco. Por un lado, los jugadores de la política nunca son estáticos, son todo menos estatuas silentes.

El presidente Peña Nieto, protector de los Medina dada la red de complicidades que lo atan a su suerte, tiende un cerco que somete cada día más al Bronco: la adhesión del gobierno estatal al proyecto del mando único, la aceptación de Monterrey VI, aunque sea revolcado con otro nombre, acerca peligrosamente a Jaime al aura enfermiza de Los Pinos.

Además, Medina ha sabido contener la sed de venganza popular corriendo el rumor a todas luces absurdo, de que, más pronto que tarde, recibirá su nombramiento en el gabinete presidencial. Asusta así a propios y extraños con el petate del muerto. Y gana espacios valiosos para también mover sus fichas.

Finalmente, no siempre el tiempo opera para bien del gobernante en turno. Jaime ya no ha sido claro, como lo fue en su campaña, en su intención de detener a los Medina. Y desde hace siglos se sabe –lo decía la Celestina– que “los bienes, si no son comunicados, no son bienes”.

Mientras tanto, la inseguridad campea de nuevo en las calles y las condiciones de vida de los nuevoleoneses se deterioran vertiginosamente. Cuando Rodriguez anuncie dentro de un año la detención de los Medina (escenario cada vez más remoto e improbable) las preocupaciones de la gente estarán en otro lado. Y el momentum del Bronco se disipará como volutas de humo, en el viento de un futuro que nunca llegará. A menos de que mañana mismo, contra todo pronóstico, se dicte la orden de aprehensión o la averiguación previa.