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La generosidad puede consolidar los votos de Andrés, hoy por hoy más que suficientes para ganar. En cambio, la mezquindad respecto de Marichuy le quitará a AMLO más votos de los que el PRI y el PAN le birlarán, con trampas y con mucho dinero, en las urnas.
Federico Arreola
octubre 7, 2017, 9:05 am

Marichuy

En La Jornada, Gloria Muñoz Ramírez ha escrito sobre el miedo que se le tiene a la otra candidata. Tanto le temen los actores políticos que conocemos que “desde el aparato electoral hicieron todo lo posible porque este día no llegara”.

¿Qué ocurrirá hoy sábado 7 de octubre? Que “María de Jesús Patricio, vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CGI), entregará la documentación requerida al Instituto Nacional Electoral” para manifestar su intención de ser candidata independiente a la Presidencia de México.

Dice Gloria Muñoz que “desde que se abrió la posibilidad de su participación, la partidocracia desnudó su racismo y autoritarismo, y también su miedo al otro, y más, a la otra, concretamente a Marichuy, la mujer indígena cuyo nombre aparecerá en las boletas electorales en la contienda presidencial de 2018”.

No es poca cosa lo que hará Marichuy, ya que “abre por primera vez la posibilidad de que una mujer que representa a los pueblos, naciones y tribus originarias, a la clase trabajadora y a los y las de abajo de este México pluricultural, contienda en elecciones presidenciales”.

¿Puede Marichuy juntar las 800 mil firmas que se necesitan para ser candidata presidencial? Ojalá lo consiga. Mi firma, si le sirve, se la entrego.

Respeto y hasta aprecio a la candidata y a los candidatos independientes de derecha –Pedro Ferriz de Con, Margarita Zavala, Armando Ríos Piter, Jaime El Bronco Rodríguez–, pero creo que México será un mejor país si se permite la participación de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno en las elecciones presidenciales.

¿Puede Marichuy ganar las elecciones presidenciales? Probablemente, no. Pero, por estrategia de “voto útil”, daré mi voto a María de Jesús Patricio si logra estar en las boletas electorales del 2018.

Si el voto ha sido inútil para darle a México gobiernos de primera, por lo menos que en 2018 sea útil para darle voz a la minoría indígena que siempre la pasa mal.

Tiene razón Gloria Muñoz: “La clase política toda no mira hacia abajo”. Y, desde luego, en la “clase política” todos cabemos: los periodistas, prácticamente sin excepción, críticos y no críticos; los líderes de los partidos, de derecha y de izquierda y hasta de centro; los empresarios, honestos y corruptos, y naturalmente los políticos que gobiernan o aspiran a gobernar desde el más pequeño municipio hasta la nación.

Morena, AMLO y Marichuy

Andrés Manuel López Obrador, según las encuestas, tiene votos más que suficientes para llegar a la Presidencia de México. Y más fuerte es su candidatura después de la crisis en el PAN provocada por la renuncia de Margarita Zavala a su militancia en el viejo partido de la derecha conservadora.

Al PRI no le alcanza para derrotar a AMLO. Ni siquiera creo que el priismo pueda vencer a Morena con una alianza de facto entre la señora Zavala y José Antonio Meade, el aspirante priista que ha trabajado en gobiernos del PRI y del PAN y que puede resultar una opción atractiva para los panistas que no se sienten representados por su actual dirigente, Ricardo Anaya.

Para garantizar el triunfo, lo único que tienen que hacer Andrés Manuel y sus generales y estrategas de Morena es cuidar los votos que ya tienen.

Si no protegen esos votos, AMLO y Morena regalarán la victoria al PRI, a Zavala o al PAN, para el caso es lo mismo.

¿Qué errores no debe cometer Andrés Manuel? Entre otros:

1.- El error de la misoginia contra Margarita

No debe AMLO seguir refiriéndose a Margarita Zavala como “la esposa de Calderón”. Eso es misoginia barata. Tal vez a ella le quedaba el papel de acompañante durante el pasado sexenio. Pero ahora el satélite que gira alrededor de la personalidad principal es Calderón, que es al único al que le queda ser llamado “el esposo de Margarita”.

Puedo estar equivocado, pero me parece algo muy sencillo de entender. Lo explico con una situación que no es real, pero que podría perfectamente serlo.

Si una científica acude a un congreso de matemáticas acompañada de su marido, que es funcionario de un banco, este hombre tendrá que acudir a las actividades organizadas para “las esposas” o acompañantes en general de las personas de ciencia que se han reunido para debatir temas muy especializados.

El banquero deberá, así, distraerse visitando museos o lugares turísticos, mientras la científica da conferencias o polemiza sobre asuntos complejos que él ni entiende ni le interesan.

En este caso el banquero acude como “esposo de la científica”. Pero las cosas cambian tres meses después en un evento financiero global en Nueva York.

Ahora es ella la que acompaña a su pareja como “esposa del banquero” y tiene que entretenerse con otras esposas o acompañantes del tipo y sexo que sea, mientras él analiza con sus colegas el caos económico catalán que contagia a Europa, algo que a la científica le interesa como noticia en los diarios, y hasta ahí.

Cuando Beatriz Gutiérrez Müller, en otro sexenio, sea candidata presidencial –y, mujer brillante, podría serlo– no será la “esposa de López Obrador”, sino que AMLO será entonces “el esposo de Beatriz”.

Entiendo la estrategia de Andrés Manuel: descalificar a Margarita recordando en todo momento que está íntimamente ligada a Felipe Calderón, el mayor pasivo que ella tiene. Pero hay formas de hacerlo. Si no las cambia, el dirigente de Morena podría perder votos, no solo femeninos.

2.- El error de ignorar a Marichuy

Andrés Manuel y sus seguidores deben dejar de cometer un pecado todavía más grave que el de las expresiones misóginas contra Margarita Zavala: el de ignorar a Marichuy, la candidata del Concejo Indígena de Gobierno.

Entiendo la lógica de AMLO y Morena: deben hacer todo lo que puedan para que no crezca, de preferencia para que no exista en la opinión pública, una candidatura también identificada con las posiciones de izquierda.

Cada voto cuenta y Andrés no quiere ceder ni uno solo a María de Jesús Patricio ni a nadie más. En términos bélicos –la campaña electoral es una guerra, sin armas de fuego, pero guerra es y todo se vale–, ignorar a Marichuy puede ser una buena estrategia.

Pero éticamente hablando representa una falta mayor ni siquiera voltear a ver a la candidata indígena.

Ahora bien, hablemos del futuro cercano. Ya es bastante inmoral no hacerle caso a Marichuy. Pero, ni hablar, puede haber algo todavía peor, que me temo se presentará si la candidata indígena consigue las 800 mil firmas: las descalificaciones y hasta ofensas que recibirá desde algunos sectores de Morena por prestarse “al juego del PRI y la derecha que buscan dividir el voto de izquierda para que no gane López Obrador”.

Si María de Jesús Patricio crece, algo que no le resultará de ninguna manera sencillo, tal vez correrá la misma suerte de Juan Zepeda en las elecciones del Estado de México: sus legítimas aspiraciones electorales serán consideradas actos de traición.

Ojalá nada de eso ocurra. Ojalá hoy mismo, después del registro de Marichuy, Andrés Manuel reciba y salude con agrado la participación de una mujer de izquierda tan honorable como él.

La generosidad puede consolidar los votos de Andrés, hoy por hoy más que suficientes para ganar. En cambio, la mezquindad respecto de Marichuy le quitará a AMLO más votos de los que el PRI y el PAN le birlarán, con trampas y con mucho dinero, en las urnas.

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