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Otro notable muckraker de esa época sesentera fue Seymour Hersh, pionero en denunciar los excesos del ejército norteamericano en Vietnam, con sus notas sobre la masacre de My Lai, publicadas en noviembre de 1969 en el diario St. Louis Post Dispatch.
Eloy Garza
octubre 17, 2014, 7:40 am

eloygarza-editorial

Los periodistas tienen la obligación de reflejar la verdad de los hechos, pero también de denunciar los abusos del poder y las mentiras de la propaganda política a partir de una narrativa veraz y bien articulada.

En los albores del siglo XX nació el periodismo de denuncia y con él brotaron los profesionales de los medios de comunicación que denunciaban las arbitrariedades y atentados a los derechos humanos de los gobiernos; a esos periodistas que no se amedrentaban con la censura y la represión, los dueños del poder financiero y político los descalificaban con el mote de muckrakers “escarbadores de basura”.

El compromiso que asumieron los intelectuales en los años cincuenta y sesenta fue también recogido por la prensa en los setenta con buenos resultados cuando las fuentes oficiales se volvieron sospechosas de mentir y simular las verdaderas intenciones del poder político.

Ralph Nader fue uno de los representantes más conspicuos de este periodismo libre, sin ataduras, estuvo dispuesto a escarbar en los cerros de basura de la industria automotriz, con su artículo “The safe car you can´t buy” que dio lugar a su libro de denuncia “Unsafe at any Speedy”.

La difusión de la obra de Nader provocó la salida del mercado de una serie de vehículos fabricados en línea sin control de calidad en la seguridad de los pasajeros. Su defensa del consumidor le ganó ser nombrado por la revista Time Magazine como uno de los cien estadounidenses más influyentes del siglo XX.

Otro notable muckraker de esa época sesentera fue Seymour Hersh, pionero en denunciar los excesos del ejército norteamericano en Vietnam, con sus notas sobre la masacre de My Lai, publicadas en noviembre de 1969 en el diario St. Louis Post Dispatch.

El trabajo de denuncia de este muckraker continuó hasta 2004 cuando reveló al mundo las torturas contra iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib, reportaje en el que dejó mal parado al propio Ministerio de Defensa de EUA. Desde entonces la reputación de la Casa Blanca ha terminado por rodar por los suelos.

En México contamos con notables muckrakers, que han descobijado las arbitrariedades del poder político y de la injerencia del narcotráfico en los tres órdenes de gobierno. Uno de ellos es Sergio González Rodríguez. Pero la lista es corta y controvertida. Finalmente los tentáculos del poder han estrangulado a más de un profesional de los medios que se ostentaba en sus inicios como muckraker. Pero su cercanía con el Príncipe les ha cortado algo más que las alas y algo más pequeño que su dignidad. Allá ellos.

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