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Fuera de la realidad indiscutible de que dos actores pudieron hacer lo que todas las policías mexicanas no habían logrado, la especulación se ha centrado en la responsabilidad penal de Kate y Sean...
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 13, 2016, 5:51 am

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Una cosa es contenido y otra cosa es continente. En el caso del encuentro de El Chapo Guzmán con quienes, de manera involuntaria seguramente, contribuyeron a su rastreo y posterior captura, se ha visto una siniestra intención de confundir las peras y las manzanas. Fuera de la realidad indiscutible de que dos actores pudieron hacer, mediante mensajes de BlackBerry y llamadas telefónicas, lo que todas las policías mexicanas no habían logrado, la especulación se ha centrado en la responsabilidad penal de Kate del Castillo y Sean Penn, a ambos lados de la frontera. Se insinúan cargos de obstrucción a la justicia de aquel lado y de complicidad de éste. El avance de cualquiera de esos argumentos sería una ofensa al Estado de derecho, pero especialmente a la inteligencia humana.

Vamos al oficio. Viendo finalmente completos los 17 minutos del video con El Chapo Guzmán de protagonista, uno se queda con la frase final del delincuente. Él es ”una persona que no anda buscando problemas”. Lo demás es parte de un gran comercial del hombre que presume ser el principal abastecedor del mayor mercado de las drogas. Eso es lo que es, una maniobra habilísima de marketing de un mafioso, digno de las novelas de Mario Puzzo.

Lo que puso en órbita la revista Rolling Stone no es una entrevista de Sean Penn con El Chapo Guzmán. Es, primero, la narración del actor sobre cómo llegaron a Guadalajara, fueron llevados en un avión bimotor y luego por horas en camionetas “río tras río”, para llegar al escondite. Luego, es la reproducción de las preguntas enviadas por correo y traducidas, aparentemente, con dificultad, y las respuestas dichas frente a una cámara por don Joaquín, como le decían en el penal de El Altiplano.

Eso no es una entrevista.

En estricto sentido, una entrevista debe ser realizada cara a cara, personalmente, sin que las preguntas sean negociadas y establecidas previamente, con el derecho del entrevistador a repreguntar o refutar las respuestas del entrevistado y, sobre todo, sin que el entrevistado pueda revisar o corregir el texto que se ha de publicar. Ninguna de estas condiciones se cumplió en este monólogo acordado, negociado y seguramente pagado, de El Chapo ante una cámara. Según el mismo texto de Penn, algunas de sus preguntas —no dice cuales— fueron simplemente saltadas.

Otra cosa es la detallada narración del actor Sean Penn sobre el recorrido aéreo y terrestre que tuvieron que cursar “Espinoza” y “El Alto” (se advierte que los nombres han sido cambiados) junto con él y Kate del Castillo para poder hablar con El Chapo y acordar una entrevista que nunca, como tal, tuvo lugar.

De la “entrevista” y el recuento publicados, yo rescato tres cosas indiscutibles.

Joaquín Archivaldo fue un niño pobre —vendía naranjas, vendía refrescos, vendía dulces— que, cuando llegó a la adolescencia, se dio cuenta de que en su pueblo, en su país, los muchachos no tenían, y no tienen hoy, futuro que no sea el del delito y la droga. No hay opción para nuestros muchachos ante la oferta de recibir una camioneta pick up del año, un fajo de dinero en efectivo y una nalga solícita al lado. La oscilación es breve: te mueres joven y feliz o viejo y pobre, frustrado y destartalado.

En segundo lugar, el convoy en que viajaban los actores tuvo que pasar por retenes militares. Según Penn, por lo menos en uno, los soldados casi se cuadran al darse cuenta de que el chofer del convoy era el hijo de Joaquín Guzmán Loera. En tercero, y lo dice el propio “entrevistado”. Cuando yo no esté, esto va a seguir; hay mucha gente involucrada en el narcotráfico, y mientras haya quien compre, habrá quien venda.

En definitiva, nada en lo que no podamos estar de acuerdo. Pobreza lacerante, corrupción imperante, comercio dominante. Esa es la sustancia de este número de astrakán político-policiaco que los mexicanos hemos vivido por cortesía de Kate del Castillo Productions.

PILÓN.- Pasado mañana se estrena una película sobre la fuga de El Chapo del penal de máxima seguridad donde hoy reside. Los productores no soñaron con la publicidad que nos va a llevar el viernes al cine, independientemente de la calidad del filme.