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También los “macristas” concluyeron que inundar las calles de propaganda no sirve para nada y que los actos masivos tampoco son relevantes, a reserva de que sean simulacros de movilización para el día de la elección; un simulacro que sale caro y suele ser dispendioso.
Eloy Garza
enero 22, 2016, 5:43 am

eloy-nuevo

Hace tiempo visité la Fundación Pensar, del PRO (Partido Propuesta Republicana) en Argentina, la plataforma intelectual del entonces jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. Llegué en mitad de un debate sobre los mitos del perfil electoral de los porteños, mismo que continuó hasta el amanecer en un boliche sobre la Diagonal Norte.

Contra lo que pudiera suponerse, me advertían los analistas de Macri, la gente tiende a apoyar al candidato que ve débil en las primeras encuestas y deja a su suerte al candidato que se cree de antemano triunfador, además de que hay que acompañar antes que resistir los cambios de la sociedad. Estas fórmulas se habían probado en el ámbito deportivo cuando Macri estuvo al frente del equipo de futbol Boca Júniors.

También los “macristas” concluyeron que inundar las calles de propaganda no sirve para nada y que los actos masivos tampoco son relevantes, a reserva de que sean simulacros de movilización para el día de la elección; un simulacro que sale caro y suele ser dispendioso.

En México, las fundaciones de los partidos políticos así como las escuelas de cuadros (que deben crearse por ley) sólo se forman para cubrir el expediente pero carecen de consistencia real. Esta es una de las razones, entre muchas otras, por la que los partidos están en crisis. Dejaron de ser fábricas de propuestas legislativas y de gestión pública para convertirse en simples agencias de colocaciones. Los dirigentes partidistas en México responden a los intereses de un clan depredador y no al fortalecimiento de la cultura política del país.

Los macristas de la Fundación Pensar, en cambio, dejaron muy en claro desde entonces, cuando aún no arribaban al poder, que antes de debatir ideología y principios partidistas hay un montón de cosas que se pueden hacer en México y Argentina para hacer caminar las cosas y mejorar la vida en sociedad. Es decir, la idea de la gestión como algo autónomo, que no depende de una postura partidista y que no asume la función de gobernar como un juego de suma cero. Por eso Macri se ubicó como la “tercera vía” entre el peronismo y el radicalismo.

Ante la posición anacrónica que ha privado en México de que gobernar es el arte de quitarle algo a alguien para dárselo a otro, el PRO y la Fundación Pensar sostienen que es posible gobernar bien y mejorar la vida comunitaria. Esa es la diferencia de la visión práctica de los macristas frente a la visión pragmática y descarnada de la mayoría de los militantes partidistas en México.

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