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La única obra teatral de Blades, hasta ahora injustamente olvidada, merece que la conozcamos todos aquellos que buscamos nuestras raíces familiares. Es un espejo donde se refleja a ritmo de salsa, la esencia de lo que somos y la explicación de porqué hemos llegado a ser lo que somos.
Eloy Garza
enero 15, 2016, 5:26 am

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“Maestra vida” es originalmente un álbum temático del compositor panameño Rubén Blades. Se grabó en estudio en 1983 y aunque se ha montado como musical en un par de ocasiones, en realidad no fue creado para escenarios teatrales.

Sin embargo, con un grupo de actores y músicos de Monterrey y la Ciudad de México (todos ellos de primer nivel), el centro cultural Mandela está preparando para marzo el estreno de esta obra, tan actual como cuando se compuso en los años ochenta. Su trascendencia como pieza musical no sólo reside en la calidad de su partitura (un mérito artístico de Blades que eleva el género de la salsa y los ritmos latinos a niveles magistrales) sino la doliente profundidad de su trama: es la conjunción de tres generaciones de una típica familia de América Latina, que lo mismo puede ambientarse en Santa María, Panamá, que en Villaldama, Nuevo León.

En una cantina, tras comensales le recuerdan a un joven, Rafael da Silva, sus raíces familiares. Tema tras tema, se despliega ante los espectadores el árbol genealógico de Rafael, comenzando por su abuelo, el popular sastre Carmelo da Silva y el cortejamiento que hace a quién luego sería su esposa Manuela, la mujer más deseada del pueblo.

A partir de ese momento preliminar, seremos testigos de diversas temáticas familiares que tocan fibras sensibles de los latinoamericanos: la emoción de parir al primer hijo (la canción “El nacimiento de Ramiro” es una obra de arte), la búsqueda del sustento en los hogares pobres, la demagogia y las mentiras de los gobernantes, la carestía de la vida, el ocasional abandono de los hijos a sus padres viejos, el anciano viudo que muere en su sillón, sumido en su melancolía y apretando su argolla matrimonial (“y por mucho que trataron, su mano abrir no pudieron”).

Finalmente, “Maestra vida” abarca la experiencia que procesa sueños frustrados, realizaciones, logros, cargos de conciencia, el peso de los años y los fracasos que, pese a todo, no logran doblegar a las familias tradicionales de nuestros pueblos. El pregón de “Maestra vida” es digna de nuestros poetas mayores: “Y hoy sé que nada es seguro / Ya que todo es pasajero. / La muerte es el mensajero que con la ultima hora viene. / Y el tiempo no se detiene / Ni por amor ni por dinero. / Maestra vida, camarada, te da, te quita, te quita y te da”.

La única obra teatral de Blades, hasta ahora injustamente olvidada, merece que la conozcamos todos aquellos que buscamos nuestras raíces familiares. Es un espejo donde se refleja a ritmo de salsa, la esencia de lo que somos y la explicación de porqué hemos llegado a ser lo que somos. Claro está, la experiencia que destila es como aquel árbol mexicano de la esperanza, que a pesar del viento y la fuertes aguas, se mantiene firme, tal como se mantuvieron durante su tránsito por el mundo, nuestros padres y nuestros abuelos.