La Carpeta:
1 de 10
 
Cuando la soberbia de Rojas Cardona quiso enfrentarse a los poderes de los otros casineros vía su ahijada Margarita Arellanes, el poder oficial de la Secretaría de Gobernación le cayó encima. Rojas Cardona tanteó mal su juego político y su mayor carta, Margarita Arellanes Cervantes, hoy está destruida, como están disminuidos Pepe Serrano, su vaso comunicante con el PAN, e Iván Garza, su ex empleado.
Jose Jaime Ruiz
enero 28, 2016, 8:31 am

jjr-tubosenero2016

La ex alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes Cervantes, se enriqueció en su administración municipal, pero empobreció su carrera política: la ambición personal le ganó al oficio. Digna heredera de los ex alcaldes panistas, Margarita siguió los pasos corruptos de Jesús María Elizondo, Felipe de Jesús Cantú, Adalberto Madero y Fernando Larrazabal. Todos ellos quisieron hacer de la política un negocio y ahora todos ellos son vilipendiados por los regios.

Al contrario de Rodrigo Medina de la Cruz, Margarita carece de una red de protección, por eso contrató un despacho de abogados, con el dinero regio, para que la protejan a ella y sus secuaces. Rodrigo tiene en el presidente Enrique Peña Nieto a un protector, Margarita, ingenua y soberbia, tejió enemigos internos y externos. El PAN nacional, en la encrucijada de partirse en dos por las próximas elecciones presidenciales, no va a ayudar a Margarita, tampoco lo hará el PAN local, a quienes la ex alcaldesa ofendió no sólo políticamente, sino de manera personal y sexual.

Ni Ricardo Anaya ni Margarita Zavala le tenderán una cuerda de auxilio al naufragio de Arellanes. Menos Raúl Gracia, Zeferino Salgado y Mauro Guerra. Margarita agotó sus alianzas y, sin nómina qué repartir, ya no tiene quien la defienda. Margarita está sola porque sola quiso construir e imponer una candidatura después de la debacle del Zar de los Casinos. La derrota de Juan José Rojas Cardona prefiguró la caída de Arellanes.

Cuando la soberbia de Rojas Cardona quiso enfrentarse a los poderes de los otros casineros vía su ahijada Margarita Arellanes, el poder oficial de la Secretaría de Gobernación le cayó encima. Rojas Cardona tanteó mal su juego político y su mayor carta, Margarita Arellanes Cervantes, hoy está destruida, como están disminuidos Pepe Serrano, su vaso comunicante con el PAN, e Iván Garza, su ex empleado.

Todos los panistas que han pasado por la alcaldía de Monterrey se encuentran ahora proscritos de la política. Margarita Cervantes, en el ánimo del enfado ciudadano, es ahora el target de la lucha contra la corrupción en Monterrey. El actual alcalde, Adrián de la Garza, tiene la gran oportunidad de investigar y aportar los elementos necesarios para que se castigue a Margarita Arellanes Cervantes y su equipo. Perder esta oportunidad es perder gran parte de su credibilidad.