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En el tema de la honestidad, José Antonio Meade es capaz de competir con el mismísimo Andrés Manuel López Obrador, seguramente el político más honrado en la historia de México: de ese tamaño es la fama que tiene Meade de ser un hombre decente.
Federico Arreola
enero 6, 2018, 7:41 am

O sea, lo de “gordito” es un decir. No quiero, de ninguna manera, molestar con alusiones personales indebidas al candidato del PRI a la Presidencia de México, José Antonio Meade Kuribreña. Pero, la verdad sea dicha, está muy pasado de peso. La foto que encabeza este artículo no deja lugar a dudas.

Desde luego, no tengo autoridad moral para criticar a Meade por ese hecho: yo estoy mucho más gordo. De plano...

Desconozco si en su caso el problema —que lo es, sin duda— lo ha generado algún desorden en la tiroides, el consumo excesivo de cortisona o cualquiera otra situación de ese tipo. Por lo que a mí respecta, la grasa de mi cuerpo, lo admito abiertamente, obedece a que soy muy tragón. Me encanta la comida chatarra y la consumo a todas horas.

Lo más grave es que mi figura redonda se parece muchísimo a la de demasiadas decenas de millones de mexicanos. En nuestro país, la obesidad ya debe ser el principal problema de salud pública. Necesitamos, por lo tanto, líderes capaces de combatirlo. Y, para pelear con seriedad contra la obesidad, quizá hacen falta líderes que prediquen con el ejemplo.

Vale decir, creo que no me inscribiría en un gimnasio atendido por alguien mucho más gordo que yo. Y, seguramente sí aceptaría pagar la cuota de un gimnasio atendido por gente en perfecta forma física.

México no es un local para ejercitar el cuerpo, claro que no. Pero en cierto sentido, debería serlo. Si no somos capaces de bajar el peso promedio de los hombres y las mujeres que habitan nuestro país, no tendremos futuro como sociedad.

En el caso de Meade, algo tendrá que hacer para disminuir la circunferencia de su cintura. Es, entre todos los aspirantes a la Presidencia de México, el más preparado en términos académicos y el que más y mejor experiencia tiene en la administración pública.

En el tema de la honestidad, José Antonio Meade es capaz de competir con el mismísimo Andrés Manuel López Obrador, seguramente el político más honrado en la historia de México: de ese tamaño es la fama que tiene Meade de ser un hombre decente.

Por lo demás, Meade es el único que verdaderamente puede presumir algo que en la crisis de la corrupta partidocracia es una virtud: no milita ni ha militado en ningún partido. En ese sentido, es más independiente que Jaime el Bronco Rodríguez, que estuvo 30 años en el PRI, y que Margarita Zavala, que participó al menos durante dos décadas en el PAN.

Pero Meade, por sus kilos de más —no pocos, conste, sino muchos kilos de más—, exhibe muy poca fuerza de voluntad. Si no puede adelgazar, ¿podrá enfrentar los grandes retos de la nación mexicana?

Conste, no estoy sugiriendo que Meade deba trabajar para tener un cuerpo de modelo, de atleta olímpico o de padrote de barriada. Lo único que creo debe lograr el candidato del PRI es quitarse entre cinco y diez kilos. No es demasiado y sería un muy buen ejemplo.

Y si, encima, además de quitarse diez kilitos se quita a unos diez priistas que tanto le estorban, pues ya la hizo.

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