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En ese hoy lejano 97 se hablaba de una crisis inédita en el estado y se veían más que justificadas tanto la renuncia de Sócrates, como la posterior persecusión de algunos de sus colaboradores por corrupción.
Eduardo A. Campos
agosto 26, 2015, 4:55 am

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Desde hace tres años, algunos periodistas empezaron a comparar la administración de Rodrigo Medina con el fallido Gobierno de Sócrates Rizzo, quien en abril de 1996, en medio de un desastre generalizado, tuvo que dejar la gubernatura por obra y gracia de esos ajustes políticos que todavía existían para acabar con crisis en los estados.

"Una administración estatal contaminada por escándalos de corrupción, un gobierno sin control ni mando, inestabilidad política tras una debacle electoral, quiebra en las finanzas estatales y deuda sin precedentes. ¿Le recuerda algo?", apareció el 1 de agosto de 2012 en la columna Redes de Poder en Reporte Índigo, cuando ese medio todavía estaba bajo el mando y propiedad de Ramón Alberto Garza, mi jefe de tantos años en El Norte.

"Hoy la gestión de Medina vive condiciones similares a las vividas por Rizzo: descrédito, escándalos de corrupción, finanzas quebradas y un programa de obra pública pobre y congelado", continuaba ese análisis periodístico.

Para desgracia de Nuevo León, ese panorama que Ramón Alberto y su equipo veían "igual que en 1996" se quedó cortó, pues en los tres años desde esa publicación, la administración de Rodrigo Medina no hizo sino empeorar las cosas.

Y no escribo esto último como opinión o en sentido figurado-exagerado, sino que así lo pudo constatar y atestiguar, con datos duros, el hombre que recibió operativamente el estado en 1997 después del sexenio de Rizzo –previo interinato de Benjamín Clariond–, y a quien hoy por azares del destino le toca recibir la estafeta de los medinistas, me refiero al actual hombre fuerte de la transición, Fernando Elizondo Barragán.

El que fuera secretario de Finanzas en el Gobierno de Fernando Canales y hoy representa a Jaime Rodríguez Calderón ya dijo, porque le consta: La situación financiera está peor hoy que en 1997. (Comercial: les recomiendo la entrevista con Fernando Elizondo que la semana pasada le hicimos en Calzada Política).

En ese hoy lejano 97 se hablaba de una crisis inédita en el estado y se veían más que justificadas tanto la renuncia de Sócrates, como la posterior persecusión de algunos de sus colaboradores por corrupción.

Fíjense a lo que hemos llegado, Nuevo León está ahora peor ¡que cuando creimos que estabábamos peor! Rodrigo Medina, su familia, y todo su gobierno han venido a recalibrar de tal manera la escala negativa del grado de crisis que hay en el estado, que por eso el pueblo hoy aplaude que al gobernador no le aprueben sus cuentas públicas y que no lo dejen poner a sus amigos de notarios y hasta hace votos porque a todos ellos les caigan investigaciones y auditorías justicieras en un futuro no muy lejano.

Para seguir con el paralelismo con Rizzo, Reporte Índigo señalaba en 2012 que sólo faltaba que un perro le tirara una mordida a Medina, como lo hizo el can "Cuco" en uno de los últimos desaguisados públicos de Sócrates antes de su renuncia.

Si a esas vamos, y a juzgar por lo que le han hecho al estado, Medina y sus gentes no merecen que se les aparezca Cuco, el perro policía, sino Cujo, el perro rabioso y diabólico de Stephen King. Tal vez así podrían pagar algunas de las muchas que deben.

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