La Carpeta:
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La venganza en contra de la actriz se ha desatado, por el momento al través de los encargados de difundir la moralina del poder en los medios de comunicación, y no terminará hasta verla, si se puede, consignada y presa. Eso, hasta que se decida la sucesión presidencial. La ofensa que Joaquín Guzmán le hizo a este régimen es demasiado fuerte y la pagará Kate.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 14, 2016, 5:37 am

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Ven, que aunque yo no pueda ni mirar tus ojos ni besar tu boca; tú le darás consuelo a este amor tan ciego como lo es mi amor.

                Rafael Hernández, Amor Ciego

La única cosa cuerda que escuché —no es frecuente ni lo uno ni lo otro— en la mesa de opinadores de Adela Micha ayer en la radio, es que toda la historia de la recaptura de El Chapo Guzmán era una auténtica telenovela. Lo demás fue una serie de juicios monásticos sobre la inmoralidad de la actriz Kate del Castillo y su delictuosa conducta por no haber delatado, en su momento, a quien admira y con quien, presumen, tiene o tuvo, porque ahora está difícil, relaciones sexuales. Leída la transcripción filtrada por la autoridad, y filtrada debe ser tomada en todo su sentido, debe deducirse que se trata de relaciones más bien utópicas. De todos modos, la señora Del Castillo está juzgada y condenada de antemano.

Lo grave es que esta actitud estólida es compartida por los círculos del poder. La venganza en contra de la actriz se ha desatado, por el momento al través de los encargados de difundir la moralina del poder en los medios de comunicación, y no terminará hasta verla, si se puede, consignada y presa. Eso, hasta que se decida la sucesión presidencial. La ofensa que Joaquín Guzmán le hizo a este régimen es demasiado fuerte y la pagará Kate.

En estos tiempos es muy frecuente hablar de la cortina de humo que suele ponerse para desviar la atención de la gente logrando que no se entere de lo realmente importante. Cuando se dio a conocer la noticia de la recaptura de El Chapo, la reacción inmediata fue que se trataba de una cortina de humo para que los mexicanos no nos diéramos cuenta de que el dólar había pasado la barrera de los 18 pesos y el barril de petróleo la de los 24 dólares a la baja. Hoy, la cortina de humo se centra en la relación sentimental entre el forajido y la princesa, intérprete, por cierto, de una mala adaptación de una novela del estupendo escritor español Pérez Reverte, La Reina del Sur. Ni una palabra de los cómplices de la fuga de seis meses atrás, en todos los niveles del gobierno. Nada del proyecto Cutzamala y su trazo, de las cámaras de vigilancia y su sonido, de los guardias que nada vieron ni oyeron ni supieron. Nada. Nichts. Nothing. Nichebo.

Le doy una semana más de vida a esta historia. Mañana o pasado llega el avión presidencial y otra será la especulación especulera. U otra noticia cautivará nuestra atención. Eso es parte de nuestro cancionero. Te vengo a pedir un favor, pero me lo haces. Que nunca vayas a decir que fui tu amor.

PILÓN.- Por una cortesía de este cancionero, transcribo la canción —otra— de Rafael Hernández, genio puertorriqueño del romanticismo nuestro: Mi delito mayor fue quererte y seguirte queriendo, y tener que llevarte por siempre en el fondo de mi alma, sin poder arrancar este amor que me roba la calma. Oh, maldición, maldición, castigo es. Hablándole al corazón de mis quebrantos, contándole de mi amor la triste historia, le dije que la quería tanto y tanto, y que por siempre su nombre guardo en mi memoria.

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