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Hoy es 2 de octubre. Sinceramente deseo que el gozo celebrado por tantos por lo sucedido el martes en las calles de Bucareli no se vaya al pozo.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 2, 2014, 8:37 am

Felix Cortes Camarillo

En marzo de 1975 Luis Echeverría leyó un discurso en el repleto auditorio de la Facultad de Medicina de Ciudad Universitaria, ante el rechazo de los jóvenes que veían en el acto una provocación. El discurso del Presidente fue bravo: acusó a sus detractores de hacerles el juego a los poderes imperialistas enemigos de México y los llamó “jóvenes del coro fácil”. Un piedrazo acabó con el experimento audaz de Echeverría, que no podía esperar otra cosa en el ambiente que la noche de Tlatelolco y la tarde del Jueves de Corpus había propiciado entre la juventud mexicana.

Hoy es 2 de octubre. Sinceramente deseo que el gozo celebrado por tantos por lo sucedido el martes en las calles de Bucareli no se vaya al pozo. Creo, sin embargo, que cualquier predicción en contrario es producto de un optimismo torpe. Yo prefiero ser cronista de lo sucedido que agorero del porvenir, pero a pesar de las medidas preventivas de guardias en la calle y en el aire será prácticamente imposible no sufrir las provocaciones que profesionales de la anarquía y el vandalismo intentarán: ya lo ensayaron en Ciudad Universitaria.

La civilidad y el orden que prevalecieron en la marcha de los politécnicos ya fue suficientemente elogiada por todos los medios. A Miguel Ángel Osorio Chong casi se le proclama héroe de la patria por haber hecho precisamente lo que todo funcionario público está obligado a hacer —“ y son las instrucciones del señor Presidente”—, salir de su oficina y escuchar a ciudadanos que tienen alguna queja que expresar, recibir de ellos escrito de su molestia y peticiones, y comprometerse a estudiar una solución conciliadora a los problemas ahí expuestos.

El problema es que ningún secretario de Gobernación, al que los manifestantes de cualquier causa suelen visitar con insistencia ciertamente molesta, había hecho lo que Osorio Chong: dar la cara. Recibir el documento, darle lectura en voz alta y comprometerse a tener una respuesta el viernes a las tres de la tarde. Leídos los diez puntos de los peticionarios es evidente que serán satisfechos más o menos en el sentido que los politécnicos considerarán un triunfo. Hábilmente se evitará que el lenguaje técnico lleve a la convicción de que los estudios en el Poli se deteriorarán con el nuevo plan de estudios y la capacidad negociadora de la que tanto presume la administración actual sabrá transitar el camino sinuoso.

Sin embargo, el asunto es que México está en un estado de crispación ya demasiado prolongado. El presidente Peña Nieto está molesto por la situación en Guerrero y otros estados. La gente está asustada, los muchachos corren aterrorizados ante policías que disparan a indiscreción, sin criterio ni prudencia. Se mata a la gente con un desparpajo que yo veo inusitado.

Es una atmósfera diferente de la de aquella mañana de marzo de 1975, Echeverría pudo decir que llegó a CU con la mano tendida, tratando de remendar la relación de estudiantes y gobierno que habían sufrido fracturas graves. Osorio Chong se la jugó; pudo haber sido abucheado si los provocadores se hubieran infiltrado en la marcha politécnica que parece haber tomado a todos por sorpresa. Actuó con inteligencia y calma, y supo callar a tiempo. Los encapuchados de la anarquía provocadora no lo van a hacer.

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