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Los medios de comunicación estadounidenses ya hablan de él como el “presidente paria”, una vieja estrella del firmamento político que se ha apagado; en un pesado lastre para los miembros de su propio partido de cara a las legislativas de noviembre próximo.
Staff
octubre 23, 2014, 7:36 am

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Los medios de comunicación estadounidenses ya hablan de él como el “presidente paria”, una vieja estrella del firmamento político que se ha apagado; en un pesado lastre para los miembros de su propio partido de cara a las legislativas de noviembre próximo.

La mala sombra del presidente Barack Obama entre las mujeres y entre el electorado conservador en estados como Arkansas, han convertido a la primera dama Michelle Obama, la ex secretaria de Estado Hilary Clinton y al marido de ésta, el ex presidente Bill Clinton, en los bateadores emergentes de unas campañas que intentan evitar el desfonde del apoyo electoral demócrata y la anunciada victoria de los republicanos en el Congreso el próximo 4 de noviembre.

La maquinaria electoral del Partido Demócrata ha considerado que, incluso en aquellos territorios más amigables para sus candidatos en estas elecciones, es preferible echar mano de Michelle Obama, como ocurrió esta semana en la ciudad de Minneapolis, Minnessotta, para apuntalar las campañas del gobernador Mark Dayton y del senador, Al Franken, a la reelección.

“Sí, todo el mundo lo sabe. Amo a mi esposo y estoy muy orgulloso de él”, arrancó Michelle en el acto de campaña. “Pero no es desde la emoción que voy a hablar de Barack. Sino desde los datos duros que hablan de lo mucho que ha hecho por el país, con más de 10 millones puestos de trabajo desde 2010”, añadió la primera dama, recurriendo a una de las líneas de defensa a las que los demócratas se aferran.

Pero aunque Michelle es, a decir de analistas, la mejor mitad del matrimonio presidencial para hacer campaña, en aquellos estados donde la batalla electoral estará más reñida como Carolina del Norte, Louisiana o Arkansas, Michelle no tiene previsto ningún acto, pues su solo apellido la convierte en una pesada carga para los candidatos demócratas que buscan evitar el naufragio en las elecciones para la Cámara de Representantes y el Senado, cuyo control podrían perder.

Ahí está el caso de la candidata al Senado, Alison Lundergan, quien enfrenta al actual líder de la minoría republicana en la Cámara Alta, Mitch McConnell. En un estado como Kentucky, donde la popularidad de Obama se encuentra bajo mínimos, la candidata demócrata se ha visto en la necesidad incluso de ignorar las preguntas de los periodistas para confirmar si, acaso, votó a favor del presidente Obama en 2012. La negativa de Lundergan demuestra hasta qué punto el nombre de Barack Obama resulta tóxico.

Irónicamente, la candidata que perdió contra Barack Obama en las primarias demócratas del 2008, Hillary Clinton, se ha convertido ahora en la apuesta más fuerte de la maquinaria demócrata para dar oxígeno a sus candidatos en apuros en distintos puntos de la geografía.

Hillary y su esposo Bill Clinton se han convertido en las piezas más preciadas por candidatos demócratas en estados como Arkansas, Carolina del Norte, Colorado, Kentucky o Louisiana.

Además, la intervención de Hillary le permitirá cobrarse ese apoyo en caso de que decida contender por la presidencia en 2016.

“Cuanto más hace ella para ayudar a los candidatos en estas elecciones, más dispuestos estarán ellos para ayudarla en 2016”, aseguró el estratega demócrata Dave Heller.

“Es un negocio mutuamente beneficioso para todos los involucrados. Por supuesto, a excepción de los republicanos”, añadió.

En el caso de Bill Clinton, su legendario carisma se ha convertido en una de las armas secretas de los demócratas a la hora de reflotar las aspiraciones de candidatos a punto de ahogarse. El ex presidente goza un respaldo superior al 60%, según Gallup. Es decir, poco más de 20 puntos porcentuales frente a Barack Obama.

“Bill Clinton siempre ha tenido un gran empuje en estados como Kentucky. De hecho, es un estado que ganó en sus dos elecciones a la presidencia. Por eso la decisión de demandar su ayuda en un estado donde (Lundergan) podría dar la sorpresa”, aseguró un estratega del Partido Demócrata para ilustrar así el valor que la maquinaria electoral ha encontrado en el clan de los Clinton y en Michelle Obama, mientras el presidente parece una estrella en fase recesiva.

// El Universal
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