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Siempre había sido así; la supuestamente rabiosa rivalidad entre los dos equipos regios nunca llega a las manifestaciones de la violencia, pese al consumo de bebidas estimulantes durante los juegos.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 20, 2016, 6:15 am

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Como regiomontano orgulloso, no deja de causarme sensaciones gratas cada vez que los locutores deportivos, narrando partidos, elogian el entusiasmo y, sobre todo, la civilidad de la afición de los dos equipos de Monterrey. La he vivido desde chico. La viví en la inauguración del nuevo estadio rayado y cientos de veces en el coso del Tecnológico. La he disfrutado en el volcán de San Nicolás de los Garza con los Tigres. Es un motivo de orgullo ver que los aficionados al futbol que asisten a ambos estadios lo hacen acompañados de sus hijos pequeños, de sus esposas o sus hijas.

Siempre había sido así; la supuestamente rabiosa rivalidad entre los dos equipos regios nunca llega a las manifestaciones de la violencia, pese al consumo de bebidas estimulantes durante los juegos.

En eso estábamos, cuando en la televisión vimos fuego en las tribunas del estadio de futbol Cuauhtémoc de Puebla, precisamente en el área destinada a los partidarios del equipo visitante, en este caso los rayados de Monterrey. Trescientas noventa y cinco butacas tienen que ser remplazadas, pues fueron destruidas, quemadas o seriamente dañadas. El daño material se estima encima de 200 mil pesos, pero eso es irrelevante. Lo que debe preocupar a las autoridades del deporte, particularmente a la Federación Mexicana de Futbol, es el ambiente de descomposición social que está envolviendo al deporte más popular del mundo entero.

Podría decirse que ninguna de las manifestaciones del deporte escapa a ese fermento. Aparte del escándalo de la FIFA, que no ha acabado de dilucidarse, acaba de estallar la noticia de los partidos comprados en el deporte blanco; la mayor estrella contemporánea del tenis, Novak Djokovic, acepta haber recibido ofertas para dejarse ganar, ofertas que, obviamente, rechazó, y que tienen que ver con el mundo de las millonarias apuestas que se hacen al resultado de los deportes.

Mucho antes de que surgieran las casas transnacionales de apuestas, se sabía de la corrupción de operadores deportivos y de jugadores, de los más diversos deportes. En 1919 los White Sox de Chicago perdieron frente a los Rojos de Cincinnati la llamada Serie Mundial, porque ocho jugadores del equipo de Chicago habían sido comprados por los apostadores. El caso fue conocido como el de los medias negras y los corruptos fueron expulsados de por vida del deporte. En 1987 el afamado beisbolista metido a entrenador Pete Rose fue declarado out para siempre por andar apostando en los juegos de su equipo. El boxeo está lleno de historias —probadas unas, supuestas otras— de peleas arregladas. Y así podríamos repasar el tablero olímpico.

Es obvio que con la profesionalización de todos los deportes y el creciente papel que las casas de apuestas han adquirido, estas manifestaciones de corrupción proliferen en todos los deportes; otro cáncer lesivo es la presencia de drogas y suplementos esteroides para mejorar el rendimiento de deportistas en disciplinas individuales o colectivas. Rusia heredó de la extinta Unión Soviética el vicio de conquistar medallas olímpicas a cualquier costo, pero no es el único país que cae en esa tentación.

Pero otra cosa es la violencia en las tribunas.

Don Fidel Kuri Grajales, diputado él —eso quiere decir, representante del pueblo—, la agarró el otro día en el estadio Luis Pirata Fuente de Veracruz a mentadas de madre y golpes en contra de Edgardo Codesal, también espurio representante de los árbitros del futbol mexicano. Kuri, de paso, es dueño también del equipo de futbol de Veracruz, lo que no le da derecho a andar repartiendo madrazos, por más lamentable que sea el arbitraje mexicano.

Pero el caso del grupo que se llama, simbólicamente, La Adicción, integrado por supuestos partidarios de los rayados de Monterrey, es otro asunto. Amparados en el anonimato de la turbamulta, y siguiendo el modelo importado de las barras argentinas, los fanáticos no solamente desprestigian a todos los aficionados al deporte, a la sociedad norteña y, en resumidas cuentas, a la afición mexicana a los deportes.

Autoridades: no queremos que capturen Chapos y Moreiras, pero esto sí lo podrían remediar.

PILÓN.- La autoridad del Distrito Federal, por voz de su secretaria de Gobierno, Patricia Mercado, anunció el espectacular decomiso de toneladas de pacas de ropa usada introducida de contrabando a México para el comercio ambulante. Los dueños ni se quejaron, aceptando la procedencia ilegal de las prendas, que —según la señora Mercado— serán destruidas por Hacienda. Bien por la incautación, pero, ¿no se han dado cuenta de que, en lugar de destruir el cuerpo del delito, podrían aliviar miles de cuerpos de mexicanos pobres que están sufriendo frío en todo el territorio nacional?