La Carpeta:
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Una mayoría grande prefiere la conciliación y la negociación. Otros, más radicales, quieren que Rajoy acuda a la mano dura y retire la autonomía catalana. En cualquiera de los casos, la crisis española es seria y se está convirtiendo en una crisis europea.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 9, 2017, 4:22 am

El meu país és tan petit

                que quan el sol se’n va a dormir

                mai no està prou segur d’haver-lo vist.

                Lluís Llach, País Petit.

Sin pausa y con mucha prisa, España está transitando por la más grave crisis institucional de su historia reciente. Se ha dado una capacidad de convocatoria para sacar a las calles a multitudes de españoles, catalanes y no, manifestándose por la independencia de Cataluña unos, y otros —mayoría— por la unidad del Estado español.

Mañana martes, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, va a comparecer en el Parlamento con la muy probable declaración unilateral de la separación de los catalanes del resto de España. Si esto sucede, al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, no le quedará más remedio que acudir a la Constitución, que reza que España es indivisible, y específicamente al artículo 155 para suspender la autonomía catalana. Presumiblemente, esta medida hará más intensa y grave la pugna. Especialmente después de la dura respuesta de la Guardia Civil de España y los Mossos locales para reprimir el referéndum de hace unos días, tratando de impedirlo.

¿País petit? No exactamente. Con una población de más de siete millones y medio de personas, se parece mucho a Suiza. En lo económico, Cataluña es una de las más prósperas y eficientes regiones económicas de España. En sentido inverso, las asignaciones del presupuesto nacional llegan en menor cantidad hacia la entidad.

Las preferencias  electorales de los catalanes están muy divididas; se estima que el 41% de los votantes quiere la independencia, mientras el 49% se opone. Pero la trascendencia de este asunto llega a la Comunidad Económica Europea, de por sí ya tan lesionada por la decisión del Brexit. El ente multinacional no está inclinado a aceptar a Cataluña como un nuevo país miembro.

Peor aún, en la incertidumbre política, los capitales empiezan a salir en dos formas: empresas españolas están sacando sus oficinas centrales de Barcelona, por ejemplo, la compañía que suministra el agua de la localidad; la Ciudad Condal, uno de los destinos favoritos de los turistas en España, ha visto cancelaciones notables de visitantes. Algunos cruceros que tocan Barcelona la están borrando de sus itinerarios.

Menos intensamente que los catalanes, los españoles que rechazan la secesión, también están divididos. Una mayoría grande prefiere la conciliación y la negociación. Otros, más radicales, quieren que Rajoy acuda a la mano dura y retire la autonomía catalana. En cualquiera de los casos, la crisis española es seria y se está convirtiendo en una crisis europea.

PILÓN.- Los futbolistas profesionales de México han anunciado la integración de una asociación, gremio, sindicato o como se le quiera llamar. No es la primera vez que lo hacen ni será la primera que sus intenciones sean obstaculizadas por sus patrones, los dueños de los clubes.

Como mexicanos que trabajan, todo lo privilegiada que su condición laboral sea, los futbolistas tienen el sagrado derecho de asociación y de procurar de alguna manera la protección a las ventajas que obtienen con su trabajo. Los patrones no se han pronunciado. Aún.

 
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