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La represión nunca da buena imagen y en un estado abierto a la crítica de los medios de comunicación y a la tolerancia, la posición autoritaria de Fuerza Civil, la Procuraduría y el PRI denotan esfuerzos inerciales y no proyectan apertura.
Jose Jaime Ruiz
octubre 20, 2014, 6:42 am

jjr-tubos

La política es para salirse de las trampas, no para caer en ellas. Eso no lo entiende el dirigente del PRI en Nuevo León, Eduardo Bailey quien, amagando con imponer no la autoridad sino el autoritarismo, pretende llevar ante el Ministerio Público a un puñado de jóvenes que se manifestaron con mantas en contra del Gobierno de Rodrigo Medina de la Cruz.

Equiparar las mantas políticas a las narcomantas es un error no sólo de apreciación, también de cálculo: el PRI estará impedido a usar mantas políticas, parabuses, panorámicos, unidades móviles de publicidad-propaganda en contra del PAN y, enfáticamente, en contra de Margarita Arellanes. Más temprano que tarde, este rigor en contra de la libertad de expresión y manifestación tendrá su efecto boomerang en contra de las palabras represivas de Bailey.

El argumento represivo es insólito: las mantas políticas equivalen a narcomantas, según el criterio de la Procuraduría de Justicia del Gobierno de Nuevo León: “Ante los antecedentes de colocación de mantas con mensajes de la delincuencia organizada en lugares públicos, se establecieron protocolos para la actuación de las corporaciones policíacas”. Pero lo menos que tienen los protocolos es ser obtusos porque una “grillomanta” nunca equivale a una narcomanta.

A principios de febrero de este año una manta agredía a la alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes: “Margarita: Deja de grillar y ponte a trabajar, arregla las calles”. En el mismo lugar, y en aparente respuesta, apareció esta manta días después: “Margarita, Nuevo León te espera para arreglar la deuda, corrupción, inseguridad”.

Las grillomantas no son guerra sucia hasta que el mensaje se convierta en vituperio, en agresión personal, en trapitos sucios exhibidos desde el anonimato. Si Bailey condena las grillomantas se está condenando a sí mismo, se está mordiendo la lengua porque sus correligionarios han caído en los excesos de rebajar la política a esas expresiones callejeras.

La represión nunca da buena imagen y en un estado abierto a la crítica de los medios de comunicación y a la tolerancia, la posición autoritaria de Fuerza Civil, la Procuraduría y el PRI denotan esfuerzos inerciales y no proyectan apertura. Y caminan en contra de la política de, por ejemplo, la Secretaría de Gobernación que ha hecho, a partir de las conversaciones de Miguel Ángel Osorio Chong con los alumnos del IPN, una política incluyente.

Rasgarse las vestiduras por una manta, cuando los medios de comunicación electrónicos, impresos y digitales estuvieron alabando –por publicidad o por compromiso– el Quinto Informe del gobernador Rodrigo Medina, es un despropósito, un error de lectura, un error de cálculo. Tratar de judicializar las grillomantas es patético.

También en febrero, el mismo gobernador minimizó el efecto de las mantas.

“No conozco la manta, ¿de qué es la manta?”

–Es una manta que apareció en el puente del Papa en donde decían que ya la esperaban (a Margarita Arellanes) para que combata la corrupción, ¿su opinión sobre esto?

“Ninguna, es una manta”.

Y así, ¿qué baile quiere bailar el PRI?

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