La Carpeta:
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“Los ámbitos de los poderes del azar; de los dioses y del destino no son sino síntomas de nuestra deficiencia. Si tuviésemos una respuesta para todo, una respuesta exacta, no existirían esos poderes. Y nos percatamos muy bien de ello, cosa que es el motivo de que al fin y al cabo nos volvamos contra nuestras propias preguntas.”
Jose Jaime Ruiz
enero 18, 2016, 6:20 am

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Se pregunta Cioran: “¿Por qué un hombre normal, o aparentemente normal, acepta el poder: vivir preocupado de la mañana a la noche, etcétera? Porque dominar es un placer: un vicio. Por eso no hay prácticamente ningún caso de dictador o jefe absoluto que haya abandonado el poder de buen grado. El caso de Sila es el único que recuerdo.

“El poder es diabólico: el diablo no fue más que un ángel con ambición de poder, luego entonces ni un ángel puede disponer del poder impunemente. Desear el poder es la gran maldición de la humanidad.”

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El ámbito del azar es un ámbito humano. ¿Existe el azar en la naturaleza? Decía Benedetti en El cumpleaños de Juan Ángel (novela-poema que sirvió para que el subcomandante Marcos también encontrara su nombre de batalla) que el azar es un poco nuestra ley y que no hay que dejar el azar al azar porque entonces sí lo planifica el enemigo.

Stéphane Mallarmé: “Todo pensamiento lanza un Golpe de Dados.”

Y un Golpe de Dados jamás abolirá el azar.

Paul Valéry: “Los ámbitos de los poderes del azar; de los dioses y del destino no son sino síntomas de nuestra deficiencia. Si tuviésemos una respuesta para todo, una respuesta exacta, no existirían esos poderes. Y nos percatamos muy bien de ello, cosa que es el motivo de que al fin y al cabo nos volvamos contra nuestras propias preguntas. Lo cual sin embargo debiera representar el comienzo. En nuestro propio interior tenemos que formar una pregunta que preceda a todas las otras y que a su vez les pregunte para qué sirven.”

El azar no es un juego. Zahr: Donde pierde la mesa su sentido, / distintos dedos me regresan / el dado, seis caras como seis versos / que fluyen agotándose en mis manos.

Azar, Destino: la abolición de la Exactitud. Nada queda, sólo el Accidente.

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El amor es una alta traición porque puede convertirse en la mayor lealtad: dos seres aventados al mundo y sus amenazas.

Si Gérard de Nerval se suicida por locura y, en contraposición, Yukio Mishima se suicida por poder, esa falsa cordura que da el poder, los escritores norteamericanos tienen otros suicidios (no hay qué olvidar a Ernest Hemingway). Después de la generación beat, los escritores norteamericanos quieren seguir la divisa del adolescente Rimbaud: la exaltación de los sentidos y el injerto de verrugas en la cara. John O' Brien tal vez sea el antípoda de otro joven escritor como él, treintañero que también escogió el camino del suicidio. John Kennedy Toole nos entregó, después de mil peripecias para su publicación, la excelentísima La conjura de los necios, una hilarante puesta en escena de los valores del american way of life. Adiós a Las Vegas es, por su parte, la comprensible radiografía del amor de fin de siglo pasado, es decir, un regreso al amor cortés desde la plataforma del capitalismo especulativo más brillante del planeta: Las Vegas.

Cuando anulamos el tiempo llega el momento del desengaño. Todo nos desengaña, el mundo nos ha deshechizado, y el deambulatorio da para que una prostituta se enamore de un borracho y un borracho de una prostituta. Para que unos adolescentes ansiosos se conviertan en sádicos impunes, para que un chulo convierta su ausencia de patria en un puñal sobre la piel de Sera. Adiós a Las Vegas es la bienvenida al desencanto y la búsqueda de la muerte es el encuentro con la verdadera vida, la que para Ben y Sera no estuvo ausente.

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