La Carpeta:
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Después de las reformas y de los sismos, este gobierno se convierte en un gobierno social. Peña Nieto sabe que no está bien calificado por los ciudadanos y, sin embargo, ahora juega para la tribuna.
Jose Jaime Ruiz
octubre 20, 2017, 5:38 am

Los sismos cambiaron todo, hasta la actitud de Los Pinos y del PRI. Después de los actos de corrupción y de ineficacia, desde Odebrecht hasta el socavón, el presidente Enrique Peña Nieto modificó sus políticas públicas: los terremotos conmovieron y movieron al país. La tarea que se impuso Peña Nieto, desde su perspectiva, ya la cumplió, ahora toca la reconstrucción… y jugar para la tribuna.

Dos ejemplos:

1.- La idea de usar parte de las prerrogativas de los partidos políticos para la reconstrucción y la atención a los damnificados fue de Andrés Manuel López Obrador, sí, pero el PRI lo rebasó por la izquierda. Dueño del presupuesto del Ejecutivo federal y del de muchos de los estados del país, el PRI pudo ir mucho más allá que cualquier partido político.

Queriendo atajar la idea original de Andrés Manuel, el INE también se vio rebasado por la propuesta priista y, al final, tuvo que aceptar el uso de prerrogativas para la inversión social y de infraestructura. Los partidos balbucearon, hasta Morena, y el PAN y el PRD no pudieron legitimarse después de los sismos. Aunque su descrédito es enorme, Los Pinos y el PRI impusieron la agenda.

2.- Ricardo Anaya, con el tema de la Fiscalía, reventó toda negociación y reventó también al exprocurador Raúl Cervantes. Su batalla fue costosa porque al sobrevivir a su doble cachucha como dirigente panista y aspirante a la Presidencia de la República por el Frente Ciudadano por México, reventó al PAN y al mismo Frente con la salida de Margarita Zavala. La espiral de su decadencia no termina y la salida de Raúl lo desnuda en sus ambiciones.

En contrario, existió la decisión de jugar para la tribuna –organismos civiles, buena parte de la sociedad, intelectuales, empresarios y académicos– porque la mayoría no estaba de acuerdo con un fiscal a modo que le cuidara las espaldas a Peña Nieto. Además, destruyendo lentamente a Ricardo Anaya, el jefe del Ejecutivo retomó –ya van dos– la propuesta de López Obrador de trasladar el proceso de la fiscalía hasta el 2018.

Nobleza obliga, sostiene Andrés Manuel:

“Fue buena la decisión que tomó el presidente Peña Nieto. Lo tengo que reconocer, de dejar este asunto para después de la elección, que sea el nuevo presidente el que presente una tercia al Congreso, de abogados independientes, honestos, alejados del interés partidista, gente recta”.

Enrique Peña Nieto se siente satisfecho con las reformas estructurales. Ya cumplió, desde su visión, el reto que se impuso y que sus predecesores no pudieron o no supieron lograr. Enfocado en lo social, lo relevante ahora es la reconstrucción, un reto de infraestructura, de inversión social, sobre todo, de emocionalidad ciudadana. Después de las reformas y de los sismos, este gobierno se convierte en un gobierno social. Peña Nieto sabe que no está bien calificado por los ciudadanos y, sin embargo, ahora juega para la tribuna.

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