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En el Black Friday estadunidense los artículos de consumo son sometidos a descuentos espectaculares. La madrugada de ese viernes negro está arropada por la anulación del IVA sobre los precios de venta, consistiendo así en verdaderas gangas.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 3, 2014, 7:38 am

Felix Cortes Camarillo

Precisamente cuando las economías familiares mexicanas se colapsan, el gobierno convoca, promueve e impulsa el llamado Buen Fin, una burda réplica del Black Friday estadunidense en que los artículos de consumo son sometidos a descuentos espectaculares. La madrugada de ese viernes negro está arropada por la anulación del IVA sobre los precios de venta, consistiendo así en verdaderas gangas.

Esos precios reducen las ganancias de los comerciantes sustancialmente, pero a cambio les facilita vaciar las bodegas y sistemas de distribución para el arribo de las mercancías de la nueva temporada, la que comienza precisamente el tercer jueves del mes de noviembre, Día de Acción de Gracias e inicio de la temporada de fiestas de fin de año. El supuesto beneficio al consumidor se convierte así en una renovación de inventarios para deshacerse de objetos con algún defecto o descontinuados en tallas o colores. Eso exactamente es el Black Friday, lo que los capitanes de la economía mexicana están copiando.

Pues precisamente cuando las economías familiares se colapsan el gobierno convoca, promueve e impulsa el consumo desmedido, la compra irreflexiva. Una de las modalidades nuevas del Buen Fin es que se promueve la compra con tarjeta de crédito o débito. Endrógate, que ya te cobraré. Doscientos mil millones de pesos estima Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, que nos sacarán de los bolsillos. Con el poder de nuestra firma.

El argumento engañoso a favor del Buen Fin es la reactivación de los mercados, entendida de la manera más simplista, incrementando las compras, especialmente a crédito infame en sus tasas de interés. El círculo virtuoso que nos enseñaron de la economía es que al crecer el consumo sube la demanda. Esto obliga a una mayor producción, por tanto más empleo, una mayor riqueza generada y así nuevas compras. El modelo mexicano del Buen Fin lleva a pedir prestado para pagar la tarjeta de crédito y así ad infinitum.

El estancamiento del gasto público, que es el más generoso generador de empleos en México, ha generado este ambiente de malestar y frustración. En los últimos 25 años, según un estudio de la UNAM, la capacidad adquisitiva del mexicano se ha reducido 75 por ciento. Solamente en los últimos 18 meses, y a consecuencia de los cambios recaudatorios que se insiste en llamar Reforma Económica vivir en nuestro país cuesta, en promedio, 30% más. Y contando.

La función de los agentes económicos del Estado deben estar orientados en dos sentidos: regular la política de precios a fin de que no se derrumbe el poder adquisitivo de los ciudadanos y alentar el consumo responsable, fomentar el ahorro y evitar el endeudamiento desenfrenado. El consumo excesivo y carente de reflexión solamente lleva a un mayor empobrecimiento.

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