La Carpeta:
1 de 10
 
Alejandro González Iñárritu, quien a partir de su éxito hollywoodesco se convirtió en un mamón de Polanco que se quitó el González de su firma para transformarse en Alejandro G. Iñárritu, tuvo un indicio de inteligencia...
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 29, 2016, 5:11 am

felix-nuevo

Charles Matthew Hunnam es un actor británico de poca monta que podría pasar a la historia al interpretar en el cine al más famoso Édgar Valdez Villarreal, un narcotraficante mexicano apodado La Barbie, por esa tendencia entre racista y homofóbica que, al final, resulta ser una inclinación homosexual que tienen los paisanos míos. Es un proyecto de cine que, indudablemente, tendrá éxito.

El otro día estaba confrontando las noticias de la farándula cuando me enteré de que muchos de los usuarios de las llamadas redes sociales —que no tienen nada de sociales, pero mucho de redes— se quejaban de que Charlie, un anglo güerito, pudiera interpretar a un delincuente tan nuestro, tan ligado a nuestra etnia.

Venía esto a colación porque, ante la difusión de los nominados este año a los premios de la industria cinematográfica llamados Oscar, algunos activistas de la causa de los negros en el espectáculo se quejaran de que entre los posibles ganadores escaseaban —si no es que no existían— los actores de color. Se entiende, en este mundo de los eufemismos, que de color negro, que es la ausencia de color.

Desde hace unas décadas, siguiendo el patrón culpable de los estadunidenses, nos negamos a decirles a los negros negros o a los amarillos amarillos. Ahora les llamamos afroamericanos o americanos de origen asiático. Dentro de un rato los futbolistas de Washington ya no se podrán llamar Redskins. Luego va a resultar que los jarochos nos van a iniciar juicios por llamarlos así y los boshitos harán lo mismo.

Alejandro González Iñárritu, quien antes de ganar un Oscar era persona muy talentosa, muy creativa y hasta algo simpática, y a partir de su éxito hollywoodesco se convirtió en un mamón de Polanco que se quitó el González de su firma para transformarse en Alejandro G. Iñárritu, tuvo un indicio de inteligencia cuando comentó este asunto. Dijo El Negro —eso no se lo quita ni Dios Padre— que la discriminación en Hollywood no era solamente contra los morenos. Que igualmente se discriminaba a los asiáticos, a los latinos y a otras minorías que forman parte del mosaico étnico de Estados Unidos.

Se le olvidó decir a Alejandro G., porque no le conviene, que los premios Oscar son simplemente la máxima manifestación del cine —arte sublime— como industria. La premiación como una industria creada por los estudios norteamericanos productores de películas para reactivar la taquilla en el primer tercio del año, cuando los ingresos en las salas decrecen. Por ello, precisamente Leonardo DiCaprio, actor excelente que protagoniza el larguísimo churro de Iñárritu, recibirá la estatuilla que los mercaderes del entretenimiento persistentemente le han negado —The Wolf of Wall Street—  a su innegable talento actoral.

Decenas de películas de enorme mérito han dejado de recibir la estatuilla de febrero. Directores, actores, productores, han visto pasar por la puerta de su casa el cadáver triunfante de su a veces miserable enemigo.

Por otra parte, los negros no tienen razón. Hattie McDaniel hace muchísimos años recibió el premio por su papel secundario, en esa película que todos aplauden —como El ciudadano Kane y las novelas de Proust— y pocos conocen, Lo que el viento se llevó.

Pasa lo mismo, pero de frac, con el premio Nobel, especialmente de literatura. Todo es un negocio, en este caso político. Los señores de la academia sueca jamás leyeron Cien años de soledad o La ciudad y Los perros, pero sí sabían, en su momento, que era políticamente correcto que ahora ganara un latino, como antes había sido necesario que ganara una rusa, un africano o un islandés.

The Revenant va a ganar por lo menos cinco premios Oscar. El de fotografía, sin duda. El de actor también. Lo demás es cuestión de transas entre los estudios. Y Charlie Hunnam va a hacer una excelente interpretación de La Barbie, porque es güerito. Desde luego, sin Oscar.

You wanna bet?

LOS TUBOS es una divisón de Buró Blanco S.A. de C.V. Copyright © Monterrey, Nuevo León, México. Páginas web