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La colección del Calendario Galván, acervo perteneciente al Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, integrado por 394 volúmenes editados entre 1827 y 1973, podrá ser consultado a partir del primer bimestre de este año.
Staff
enero 12, 2016, 7:38 pm

La colección del Calendario Galván, acervo perteneciente al Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, integrado por 394 volúmenes editados entre 1827 y 1973, podrá ser consultado a partir del primer bimestre de este año.

Así lo informó en un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien añadió que en el siglo XIX, una de las costumbres arraigadas entre los habitantes de la Ciudad de México fue la de portar en sus bolsillos un “calendario”, pequeña edición que publicaba el santoral, eclipses, fiestas de guardar, el clima, oraciones y algunas efemérides.

Además, las páginas contenían símbolos de las distintas fases de la luna que ayudaban a los campesinos a saber cuál era la mejor época para sembrar, y a las mujeres cuándo debían cortarse el cabello o hacerse sangrías, así como una variedad de materias útiles.

Ahora es la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH), quien alberga dentro del Fondo Reservado un rico acervo denominado genéricamente “Calendarios”, que abarca, además de este tipo de ejemplares, otras publicaciones anuales, como almanaques, anuarios, años nuevos y guías de forasteros, dijo Laura Herrera, historiadora de la BNAH.

Este año se migrará la colección del sistema interno al catálogo de la biblioteca para ponerla al acceso de todo el público. Por lo pronto, se trabaja en el etiquetado de cada una de las obras para identificar el sitio que ocupan en las estanterías.

Dentro de ese Fondo, se localiza la Colección del Calendario de Mariano Galván Rivera, considerada la más completa de la Ciudad de México. Está integrada por 394 volúmenes editados entre 1827 y 1973 -de cuyos números es frecuente encontrar más de un ejemplar-, que fueron catalogados, analizados y sometidos a procesos de conservación para que los usuarios puedan consultarlos a partir del primer bimestre de este año.

Cada ficha contiene datos generales de la obra como autor, título, medidas e información de las imágenes incluidas. Asimismo, se anexaron la portada digitalizada, el índice y un resumen del contenido, dijo la bibliotecóloga Mezli Silva, adscrita a la BNAH.

Herrera destacó que gran parte de la colección está compilada en tomos de dos, cinco o diez ejemplares (y también hay sueltos). A pesar de ser consideradas obras para usar y desechar, muchas se encuadernaron y se guardaron, incluso dentro del acervo se encuentra un libro curioso que el propietario formó con recortes de las efemérides de Galván de 1879 a 1907.

Sobre los trabajos de conservación, la restauradora Xóchitl Cruz, adscrita a la BNAH, señaló que tras realizar limpieza profunda y superficial de los volúmenes, se elaboró una guarda de protección para cada uno, así como un fólder donde se inserta la tarjeta con el número de adquisición y los años que contiene, procedimiento con el cual se evita escribir las clasificaciones sobre las hojas del texto original.

Añadió que los calendarios se elaboraban en papel mecánico, cuyo tiempo de vida era un año por ser de un material frágil. Por esta razón, se hizo una conservación directa o estabilización con la finalidad de que puedan ser consultados.

De acuerdo a su historia, la publicación de calendarios en México se inició antes de la Independencia, cuando se imprimían solamente los de Felipe Zúñiga y Ontiveros, quien contaba con el privilegio real, el cual heredó a su hijo José Mariano.

Tras consumarse el movimiento independentista se dio la libertad de imprenta y varios impresores editaron estos anuarios, entre ellos José Joaquín Fernández de Lizardi, José Mariano Ramírez Hermosa, Martín Rivera y Mariano Galván Rivera, quien tuvo gran éxito.

El auge de los calendarios se dio en los años 60 del siglo XIX. Pero, el de Galván sobrevivió y a la fecha se edita con el sello de Murguía, agregó Laura Herrera.

El Calendario de Mariano Galván Rivera tuvo una amplia distribución en la República, debido a que se vendía por millares en establecimientos, ferias y vendedores que lo ofrecían de pueblo en pueblo, de tal forma que alcanzaba los rincones más alejados del país.

Mariano Galván Rivera nació en Tepotzotlán, Estado de México, en 1792, y desde joven se inclinó por la publicación de distintos tipos de libros, pero su prestigio lo logró a través de su calendario. El editor es considerado uno de los sobresalientes empresarios culturales de su tiempo.

// El Universal

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